Amadeus

Strani Amori

Strani Amori

Esta rubia mía me tiene loca. Nunca me quiere hasta que la noche cae y Soledad la invita a salir. Entonces corre a mis brazos rogando calor, pero ¿cómo negárselo? Es que es bella y su mirada inocente engaña a cualquiera, menos a mi. Esa rubia mía decide seducirme entre bailes y dedicarse a tentarme con caricias que se ocultan entre las piernas. Que Dios me ayude porque no soy tan fuerte como para resistirla. Es que su cuerpo hierve con deseo de que mis manos se quemen en ella. Quiero alborotarla y hacerla perder la cordura. ¡No! A la rubia mía la tengo que tratar con dulzura. Es que su risa nerviosa la delata cuando le pregunto qué quiere. No conocía el sabor de su lengua hasta horas recientes. Decidió entregarme su lengua; cómo supo lo que quería, no sé, pero acertó. En un lugar más cómodo y tranquilo la tengo sobre mi y me muero de ganas. Mis labios no se controlan y andan mordiéndose solos. En este momento me entrega su mirada dulce y no logro aguantar más. La beso. Ya para entonces mis impulsos se han apoderado de la situación y su ropa va desvaneciendo. Su dulce miel que empalaga el paladar busca pleitos con mis impulsos. Entonces… la tomo entre las piernas y mis manos enloquecen con sus muslos. Su respiración cae corta y pesada al ambiente; como me encanta saborearla. Y esta sonrisa maldita que cae sobre mi cara le dice que la quiero devorar. Esta rubia mía sabe más que el Diablo. Se acomoda, me sostiene con ganas y por el cuello, casi ahogándome con su lengua. Me cede el permiso para entrar a ella. Siento como el rojo invade nuestras miradas y las manos queman la piel. Esta casi infartando, estoy muriendo con cada beso que me regala. Hare mía a la rubia por primera vez. Como me muero de ganas por tenerla. Ella muerde mi labio, me mira fijo por segundos, entonces comprendí, que para hacerla mía, tendría que entregarle mi corazón; y eso, implicaba amarla. 



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