Pedro Verlaine

Sin razones, con instinto

 

Sí, desaparecí. 

Pero lo había hecho ya mucho antes de encontrarte,

mucho antes incluso de encontrarme

a mí, a mis pasadas vidas,

a mis rostros de muerto en el espejo

buscando ayuda

como cual pececillo cerca a una quebrada que pronto besaría el río.

Un débil rayo apenas me parecía horizonte,

un minúsculo brote de amapolas

manaba desde donde salía la herida

arrojándome a veces

unas palabras tuyas,

unos silencios tuyos,

un mensaje encriptado cerca a las 2:00

junto al café

y el tiempo que esperaba siempre

para reacomodar mis dudas.

No fue sino después de ti

que descubrí la fuerza del hilo al cual colgaba,

la fuerza de mis males y mis daños

protegida a su vez por una fuerza ajena y superior

de todo aquello que se decía “cierto”

sin poseer verdad.

 

 

Ah, si pudiera nadar sobre la cólera

y traspasar desnudo los collares ardientes de lo incierto,

cometer sin parar uno tras otro los fallos de la infancia

dejados a los pies de alguna de las tantas estatuas de la iglesia

y quizá uno de estos días poder arrepentirme

por todas esas veces que lloré mientras me arrodillaba arrepentido.

 

 

No volveré a escribirte.

No volveré tampoco a tu zanjado apego,

a tu antiguo apartado de corolas

regadas sin piedad junto a las puertas de mi mansión en ruinas.

Te es imposible de ver la muerte

y la angustia de todas las palabras que saltan sin aliento,

no obstante, no sé cómo, logras tocarme

en un lugar tan hondo que incluso yo ignoraba.

Sin ti no llego a él,

sin ti jamás sabré cuán dentro está mi adentro;

pero no partiré conmigo:

esto que soy te queda a ti

y eso que eres

será con lo que parta yo.


Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Maravilloso tu sentido y bello poema amigo Pedro
    Saludos y abrazos de amistad
    Críspulo tu amigo español



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