Amor mío: si supieras cuánto te extraño, cuántas veces mis brazos buscan en el vacío la forma de encontrarse con los tuyos, y cuánto deseo el instante en que pueda abrazarte sin distancia, mirarte de cerca y perderme en tus ojos.
Tengo deseos de ti, pero no son solamente deseos de la piel; son deseos del alma, de sentir tu corazón junto al mío, de escuchar tu respiración cerca de mi pecho y descubrir, en la intimidad de nuestro abrazo, todo aquello que durante tanto tiempo hemos soñado desde lejos.
Mis labios suspiran por los tuyos, mis manos anhelan acariciar con ternura la mujer que tanto amo, y mi piel parece guardar un fuego que solamente tu presencia podría calmar.
Hay una llama encendida dentro de mí, una llama nacida de tu mirada, de tu ternura, de tu belleza, de cada palabra tuya que se quedó viviendo en algún rincón secreto de mi corazón.
Y cuando pienso en ti, mi imaginación cruza la distancia y te acerca hasta mis brazos.
Te imagino junto a mí, recibiendo mis besos, mis caricias, mis abrazos interminables; y entonces comprendo que hay deseos que no nacen del cuerpo, sino del profundo anhelo de pertenecerle de verdad a alguien.
Amor mío, si algún día llega nuestro momento, quiero que sea hermoso.
No quiero que sea solamente un instante de placer, sino un encuentro de dos almas que se han esperado, que se han deseado y que finalmente pueden mirarse sin la barrera de la distancia.
Quiero que nos entreguemos al amor con ternura, con confianza y con respeto; que nuestros cuerpos encuentren el lenguaje que nuestros corazones llevan tanto tiempo hablando.
Que cada abrazo diga te amo, que cada beso diga te esperaba, y que cada caricia sea una promesa de permanecer juntos.
No quiero hacer el amor contigo por llenar un vacío pasajero; quiero hacerlo porque te amo, porque eres la mujer que despierta en mí deseos que van mucho más allá de la piel.
Quiero descubrir contigo esa intimidad que solamente pertenece a dos personas que se aman de verdad; sin prisas, sin máscaras, sin miedo y sin vergüenza, dejando que el amor sea quien nos guíe.
Princesa mía, tengo deseos de ti, pero sobre todo tengo deseos de nosotros: de tus mañanas, de tus noches, de tus abrazos, de tus besos, de despertar algún día a tu lado y saber que ya no eres solamente un hermoso sueño en mi imaginación.
Cuando tu belleza aparece en mi mente, mi corazón se enciende y mi pensamiento vuela hacia ti.
Imagino la suavidad de tu piel junto a la mía, tu cabeza descansando sobre mi pecho, mis brazos rodeándote con amor y nuestros corazones latiendo como si hubieran esperado toda una vida
para encontrarse.
Ese es mi deseo más profundo: no solamente tenerte, sino encontrarte.
No solamente tocar tu piel, sino alcanzar tu alma.
No solamente hacer el amor contigo, sino amarte de tal manera que cada encuentro entre nosotros sea una celebración de nuestro amor.
Porque deseo tu cuerpo, sí, pero amo tu alma.
Y si alguna vez nuestros caminos dejan de estar separados por la distancia, quiero que cuando finalmente te tenga entre mis brazos pueda decirte, mirándote a los ojos: “Todo este tiempo te deseé, pero esperarte valió la pena, porque no quería solamente una noche contigo; yo quería una vida a tu lado."
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (Seudรณnimo) (
Offline) - Publicado: 25 de agosto de 2013 a las 06:28
- Categorรญa: Erรณtico
- Lecturas: 652
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa

Offline)
Comentarios1
Se palpa la prestancia genialidad y hermosura en tu bello poema de amor estimado poeta y amigo Ronald Tadeo Ramirez Elizalde
Saludos y amistad
Crรญspulo
Me elevan mi autoestima sus comentarios amigo Crispulo,
saludos cordiales desde Quito-Ecuador.
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