Te digo adiós, aunque sé que jamás te irás de mi vida.
Te digo adiós, y este no es un adiós nacido del olvido, sino de un amor que, aun sabiendo que no fue correspondido, se niega a morir.
Quizá no vuelva a saber de ti, quizá tú tampoco vuelvas a saber de mí; y, sin embargo, seguirás conmigo, porque hay personas que se marchan de nuestros días pero permanecen para siempre en el corazón.
Te digo adiós, aunque al pronunciarlo siento que estoy firmando mi propia desdicha.
Me cansé de amarte en silencio, de esperar entre palabras que nunca encontraron respuesta, de escribirte con el alma mientras mi corazón aprendía a conformarse con tu ausencia.
Te digo adiós porque ya no quiero seguir amándote solamente con letras.
Todo cuanto escribí llevaba tu nombre escondido, cada verso nació pensando en ti, cada palabra fue una forma de acercarme a tu corazón, aunque quizá para ti mis poemas no significaron absolutamente nada.
Tuve miedo de entregarte mi corazón.
Tuve miedo de desnudar mi alma.
Pero lo hice.
Y por conquistar tu corazón habría sido capaz de cometer las locuras que solamente cometen los hombres verdaderamente enamorados.
Hoy, sin embargo, te digo adiós.
Y lo más triste es que, mientras escribo esta despedida, me siento todavía más enamorado de ti.
Quizá nunca comprendas este adiós.
Quizá ni siquiera leas estas líneas.
Quizá pases sobre ellas sin imaginar que fueron escritas con el corazón abierto.
Porque tú eres real, pero quizá el amor que construí alrededor de ti solo existió en mi imaginación.
Tal vez ese fue mi error: amarte en silencio, amarte desde lejos, amarte solamente a través de versos que quizá nunca debieron llegar a tus manos.
No sabías que cada palabra salía de mi alma.
No sabías que tu belleza despertaba en mí al poeta que llevaba escondido.
Te digo adiós porque te amo y porque amarte así me hace daño.
No porque tú me hayas herido, sino porque yo mismo me lastimo al querer a alguien que no puede corresponderme.
Tu belleza, delicada y sensual, hizo cautivo mi corazón.
Me perdí en el laberinto de mis propios pensamientos y terminé convertido en prisionero de un amor que solamente yo podía sostener.
Por amarte, desnudé mi alma.
Por amarte, expuse mis pensamientos.
Por amarte, llené páginas enteras de pasión, ternura y deseo.
Me convertí en poeta sin darme cuenta de que tú eras la razón de mis versos.
Y tú quizá nunca supiste que cada poema llevaba algo de ti.
Te digo adiós aunque esta noche estés conmigo en mis pensamientos, aunque al cerrar los ojos pueda imaginarte a mi lado y al amanecer despierte buscándote en una cama donde solamente estará mi soledad.
Este es un adiós extraño.
Un adiós que no comienza, porque jamás hubo una partida.
Y no hubo partida porque nunca hubo llegada.
Nunca fuiste mía, y aun así sentí que caminabas conmigo.
Estuviste a mi lado en mis pensamientos, en mis noches, en mis sueños, en mis palabras, aunque la vida te haya colocado lejos de mí y quizá en otros brazos.
Por eso amo este adiós, aunque me duela.
Porque mientras te digo adiós, mis ojos se llenan de lágrimas y mi corazón, rebelde, se aferra todavía más a ti.
Pero debo decirte adiós porque sé que quizá nunca vendrás.
Voy a intentar dejar libre tu alma y acostarme con otros pensamientos.
Voy a intentar no soñarte, no buscarte en cada rostro, no escucharte en cada canción, no encontrarte en cada madrugada.
Tal vez deba abandonar el paraíso que construí contigo en mis sueños y aprender a caminar por un mundo sin ti.
Pero no te mentiré: no tengo esperanzas de olvidarte.
Porque sé que algunos amores no se olvidan; solamente aprenden a vivir en silencio.
Te digo adiós porque voy a amarte para siempre.
Te digo adiós porque entre tú y yo no hubo promesas rotas, ni juramentos traicionados, ni una historia que terminar.
Solo hubo sentimientos que nacieron en mi corazón y se transformaron en versos.
Te digo adiós con un llanto agridulce, con una sonrisa que no consigue ocultar una lágrima, porque todo cuanto te dije fue verdad.
Jamás te mentí.
Te digo adiós porque seguirás entrando en mi vida
sin siquiera tocar la puerta.
Tus retratos permanecerán conmigo.
Tu sonrisa vivirá en mis recuerdos.
Tu mirada seguirá apareciendo en mis pensamientos cuando menos lo espere.
Y algún día, quizá, mientras esté entre otros brazos,
besando otros labios y tratando de encontrar refugio en otro amor, me descubriré pensando en ti.
Y entonces comprenderé que todavía eres mía.
No en la vida.
No en la realidad.
No en mis brazos.
Sino en ese territorio secreto donde solamente gobiernan los sueños.
Allí seguirás siendo mi niña bonita, mi dulce sueño, la mujer que mi corazón eligió aunque la vida jamás me la entregara.
Te digo adiós no porque me vaya, sino porque jamás te tuve.
Te digo adiós no porque te deje, sino porque sé que jamás podré olvidarte.
Y quiero que este adiós sea digno, sereno, elegante.
Sin reproches.
Sin culpas.
Sin rencor.
Te digo adiós porque estoy empezando a amarte demasiado.
Te digo adiós por el resto de mi tiempo, aunque quizá pase el resto de mi tiempo pensando en ti.
Te digo adiós para aprender a vivir sin saber de ti, aunque una parte de mi vida continúe buscándote.
Te digo adiós porque sigo enamorado de ti y este amor me hace daño.
No porque tú me hieras, sino porque yo me lastimo
cada vez que amo sin ser amado.
Te digo adiós para que algún día comprendas que hubo alguien que te amó sinceramente, sin exigirte nada, sin pedirte nada, sin mentirte jamás.
Este adiós está lleno de adioses.
Porque mientras tenga vida, habrá una parte de ti caminando conmigo.
Pero quizá algún día llegue el verdadero adiós; ese que no se escribe, ese que no permite regresar, ese que hace llorar al alma porque comprende que algunas esperanzas se fueron para siempre.
Y cuando llegue ese día, cuando la última puerta se cierre y ya no quede ninguna posibilidad de encontrarnos nuevamente bajo este cielo, quizá entonces comprenda que este de hoy solo fue un ensayo de despedida.
Por ahora, solo puedo decirte:
Adiós, amor mío.
Adiós, ángel de mi alma.
Adiós, prenda de mi corazón.
Adiós, mujer de mis sueños.
Adiós, dulce ilusión que hizo florecer mis versos.
Adiós a tus ojos.
Adiós a tu sonrisa.
Adiós a todo aquello que jamás tuve y que, sin embargo, amé como si fuera mío.
Y si alguna vez recuerdas mi nombre, recuerda solamente esto:
Hubo un hombre que te amó en silencio, que convirtió su dolor en poesía y que, aun sabiendo que debía marcharse, te dejó ir con una lágrima en los ojos y una oración en los labios.
Te digo adiós...
Aunque jamás te olvide.
Te digo adiós...
Aunque una parte de mí continúe esperándote.
Te digo adiós...
Porque quizá la única manera que tengo de seguir amándote sin destruirme es aprender a hacerlo desde lejos.
Adiós, amor mío.
Adiós, ángel de mi alma.
Adiós, dulce sueño.
Adiós...
Adiós...
Adiós.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de agosto de 2013 a las 12:23
- CategorĆa: Carta
- Lecturas: 1304
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa

Offline)
Comentarios1
La poderosa fuerza de tu genial prosa asoma en tu bello poema estimado amigo Ronald Tadeo Ramiez Elizalde
Saludos de afecto y amistad
CrĆspulo tu amigo
Gracias Amigo por su comentario, saludos desde mi Ecuador querido.
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