noktambulo

Carta a mi Baby

 

      Desde el  primer día de conocerte bien,  la primera vez que me llevaste a mi casa, la primera cita en casita Martell. La primera vez que me empecé a quemar sobre tu piel. No sabes lo feliz que me hacen esos días.         Aunque no lo creas, desde la primera vez que te vi te desee y de la forma más animalesca que conozco porque solamente te devore con la mirada y quise que fueras mía pero me quedé con el deseo pendiendo sin esperanza. Pero luego te vi de nuevo en la oficina así tan descomunal, pensé que nunca si quiera me hablarías. Te conocí y vi que yo no era de tu agrado por lo menos eso creía. Mis esperanzas, cayeron.        

    Un día me dices que me ayudarás con la transportación y no sabes de todo lo que me salvaste. Te estaré eternamente agradecido. Tus atenciones y ayudas.  Y al menos pensé por primera vez que tenía una oportunidad. Reímos hablamos, hablamos y simplemente me volví un adicto a tu compañía. Día tras día nos hicimos cómplices de risas, quejas, burlas, juegos, secretos. Intenté cambiar mi apariencia para tratar de seducir tu vista. Intenté regalos, comidas, frutas, flores. En fin todos los posibles detalles que tuviera en mi corazón y por primera vez en mi vida me sentí como un hombre tratando de ser un comensal entre los dioses. Cambie mi cabello,  me compre ropa nueva y decidí que te quería para mi. Vi que me notaste y sentí que conquiste mil batallas en fin me sentí un ganador pero aún no me sentía un vencedor.      

  Un buen día empezamos a salir sin darnos cuenta y mis ganas fueron más, mi deseo me estaba quemando sentía el pensamiento claro no quería saber más nada que  solo tu frente a mi y yo frente a ti suspendidos hablando con una medalla en la mano, riendo con lágrimas en los ojos y dolores abdominales, es que es un éxtasis verte sonreír, que asfixies de risa... Cuanto daría por un día de esos. Luego de todo este huracán que me arropaba por dentro paso su ojo y mantuve la calma hasta que no pude aguantar más. Y un día al despedirnos creyendo estar decidido, fallé no fui lo suficientemente valiente para lanzarme a tomar lo que tanto deseaba. Por eso sujeté tu rostro aquel día.      

  Te invité al cine el de Dorado el que tanto nos gusta y aceptaste, me emociono, trato de que todo sea perfecto y cuando toca el momento de despedirse yo con un hueco en el estómago con los nervios de quien ve una Epifanía. Luego de divagar y abofetearme yo mismo decidí besarte para probar mi suerte. Lancé la moneda y tu la cachaste  me miraste con los ojos más dulces y con pena que he visto. Se desato un fuego que llevaba por dentro que me quemaba que aun me arde y que ardía mientras te besaba. La adrenalina que hacia que temblara y mi ser diera gritos de Victoria al vencerme a mi mismo, el saboteador el que no piensa que era suficiente para la diosa con la que compartía y temía que al llegar a su Olimpo un día resbalaría con su propia mortalidad y cayera al vacío.    

  Así es la parte de mi historia, mi aventura, mi crónica de lo que es sentirse vivo, de tratar de alcanzar donde nunca creí llegar.  Le amo y no lo niego fui un tonto por guardar y nunca relatar el 100% de mi corazón pensé en una excusa y no la hay. Nunca debí negar lo que mi corazón siempre me trato de contar. Ahora estoy aquí contándole a mi corazón lo que ya sabe. Que por más africanizada que sea su nariz me encanta, por más amargada que este en el día me mata, me matan su sonrisa y sus bromas. Que hables como Víctor. Que seas la que se aventura conmigo a hacer cosas diferentes.  Me avienta al aire con un beso y lo que aún me mata mas es el aroma de su cuerpo terso, tostado. Usted y yo acostados en descanso a su lado y mi corazón alborotado.   Todo lo que sentía que callé me envenenó y hoy soy yo ahora libre con esta confesión.    Te amo mujer con todas tus imperfecciones que son perfectamente lo que quiero. Quisiera poder ser aquel por el que tengas un sueño mojado, que me quieras a tu lado en una nueva aventura. Quisiera poder tenerte completamente. Quisiera reír y reír y no saber de nada mas. Quiero ser tu amor pelú, tu baby, tu gordito. Dormir con su calor y olor, hacerla sentir como aquel primer día uff... aquel primer día, aquella fiesta de Navidad, el día de su arrebato astral donde los mocos le daban risa. Quiero compartir contigo lo que me aviente el destino, quiero verte bien, usted me hace bien. No me tendrá que preguntar si soy suyo, porque ya me tiene...      


No es sólo su cuerpo ni sólo tus caricias es su sonrisa que la quiero en mi alacena en mi repisa.

  -Iván 

Comentarios1

  • Gisela Guillén

    Tal y como comentaste en mi poema, hay tratar de seguir adelante aunque con dolor, ya se aliviara.
    Se fuerte y sueña
    Saludos para ti.



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