Eduardo Torres Isleño

Volcaduras en lo infinito

 

Volcaduras en lo infinito,

salpicaduras de sustancias pesadas,

calendarios donde desvanecen y surgen pigmentos,

hay costuras que mienten cuando sujetan,

y dulces plumas que desaparecen al contacto.

Yo aquí sigo, pequeño mundo, sigo aquí,

Óyeme si así lo deseas,

Acompañame,

Voy a empezar una tarea, un oficio,

Un encargo de mi alma para mis pensamientos,

Voy a dirigir un navío rojo,

Ya tengo a mis tripulantes:

Son grillos, arboles de mi adolescencia,

El eco gris de Chopin, y una hermosa

Una blanca taza de café, abierta,

Espléndida, como una trompeta. 

Sigo aquí, mundo pequeño, yo aquí sigo,

Observando, preguntándome, respondiéndome,

Sabiendo que hay cosas sobrepuestas

Y tocándose apenas para subsistir,

Hay por ejemplo rápidas y esparcidas nubes

Que solo aparecen en el redondo color de la luna,

Y advertencias de la vida misma

De la imparable historia a la que pertenecemos

En forma de arrugas nuevas en las manos

Y atascos difíciles de la condición física.



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