Amor mío, no escuches las voces que llegan de afuera con palabras que laceran tu alma y envenenan aquello que con tanto amor hemos construido.
No permitas que comentarios ajenos se conviertan en sombras sobre nuestro cielo.
Bien sabes que, desde aquel día en que te confesé cuánto te amaba, algo en mí cambió para siempre: mi corazón encontró su morada en ti y mis pensamientos aprendieron tu nombre de memoria.
No dudes de mí, soberana mía.
Si no te amara, habría apartado mis pasos de los tuyos; si no fueras importante para mí, no seguiría aquí, escribiéndote con el alma, intentando explicarte lo que a veces las palabras no alcanzan a decir.
Me duelen tus sospechas, amor mío, porque nada hiere más profundamente que sentir que la persona que amas puede llegar a desconfiar de tu corazón.
Es verdad, tengo amigas, y no voy a negar lo evidente; pero una amistad jamás ocupará el lugar que tú tienes en mi vida.
Mi cortesía puede pertenecer a muchas, pero mi pasión, mis sueños y mi ternura llevan un solo nombre: el tuyo.
Tú eres la mujer que habita mis pensamientos, la inspiración que despierta mis palabras, el deseo que enciende mis noches y el amor que mi corazón eligió para quedarse.
No dudes, amor mío, de este amor que un día nos ofrendamos, de este sentimiento que, contra el tiempo y la distancia, ha crecido hasta hacerse parte de nosotros.
No permitas que unas simples palabras destruyan lo que nuestros corazones han construido.
No mires las apariencias, ternura mía; mira mis actos, escucha mis palabras y recuerda todo aquello que hemos soñado.
Soy tuyo en la sinceridad de mis sentimientos, y mi amor te pertenece.
Mis caricias, aun aquellas que viven en la imaginación, mis besos soñados, mis deseos, mis ilusiones y cada verso que nace de mi alma llevan tu nombre.
Quiero ser mejor por mí, pero también por nosotros; quiero crecer, avanzar y construir un futuro donde podamos mirar atrás y decir: valió la pena esperar, valió la pena creer, valió la pena amarnos.
No dudes, amor mío.
Te amo con un amor que no necesita mirar hacia otros horizontes.
Te adoro con esa dulce locura que hace que, entre tantas miradas, la única que realmente busque sea la tuya.
Tú eres quien me envuelve en ese universo mágico donde por momentos desaparece el mundo y solamente existimos tú y yo.
Tú y yo… en nuestros sueños, en nuestros pensamientos, en nuestras conversaciones, en cada promesa pronunciada con esperanza y, algún día, también en nuestra realidad.
Tú y yo, contra el ruido de los demás.
Tú y yo, contra las dudas.
Tú y yo, aun cuando el mundo entero quiera convencernos de lo contrario.
No dudes de nuestros sueños, de nuestros planes, de aquello que alguna vez imaginamos juntos.
No dudes de mis palabras ni de lo que mi corazón siente por ti.
Aquí me tienes, amor mío.
No como una promesa vacía, sino como alguien que desea permanecer, cuidar lo que siente y luchar por aquello que ama.
Pero, por favor, no dejes que tus dudas se conviertan en un muro entre nosotros.
Porque cada vez que dudas de mi amor, una parte de mí se entristece; cada vez que sospechas de mi corazón, siento que se rompe lentamente aquello que más deseo proteger.
No dudes de este cariño que tú misma sembraste dentro de mi alma.
Lo has hecho crecer con tus palabras, con tus detalles, con tu manera de existir en mi vida aun desde la distancia.
Por eso te lo pido, mi tesoro: no permitas que las opiniones de otros tengan más fuerza que aquello que nosotros mismos hemos vivido.
Nuestro amor nos pertenece.
No a quienes opinan, no a quienes juzgan, no a quienes hablan sin conocer lo que existe entre tú y yo.
Yo sé lo que siento.
Sé a quién pienso cuando cierro los ojos.
Sé por quién escribo estos versos.
Sé quién despierta mis ilusiones y quién ocupa ese rincón de mi corazón donde nadie más ha podido entrar.
No hay amor que pueda compararse con el tuyo.
Para mí eres única: la más hermosa entre mis sueños, la más dulce de mis nostalgias, la más sutil de mis ilusiones, la mujer que logró convertir una simple conversación en un universo entero.
Entonces dime, tesoro mío, ¿por qué dudar de un amor que tantas veces te he demostrado?
Te lo he dicho de mil maneras.
Te lo he escrito con mis manos, te lo he pronunciado con mis labios y te lo he repetido con cada palabra que nace de mi corazón.
Y si mañana vuelves a dudar, vuelve a leer estos versos.
Léelos despacio.
Y recuerda que, detrás de cada palabra, hay un hombre que te ama, que te añora, que te desea, que sueña contigo y que todavía cree en ese nosotros que tantas veces hemos imaginado.
Así que no dudes, amada mía.
No dudes de mis sentimientos.
No dudes de mis sueños.
No dudes de lo que deseo construir contigo.
Porque mientras mi corazón siga pronunciando tu nombre, mientras mis manos sigan escribiendo para ti y mientras exista en mí un solo latido de esperanza, habrá una verdad que permanecerá intacta:
Te amo.
Te amo en la distancia, te amo en mis sueños, te amo en mis pensamientos, te amo en cada verso y en cada silencio que lleva tu recuerdo.
Y si el amor pudiera resumirse en una sola palabra, la mía siempre sería la misma:
Tú.
No lo dudes, amor mío.
Tú.
Solamente tú.
Hoy, mañana y mientras mi corazón sea capaz de amarte.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (Seudรณnimo) (
Offline) - Publicado: 11 de febrero de 2013 a las 23:27
- Categorรญa: Amor
- Lecturas: 1918

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