jonan eduardo

Mi sol

Había llegado el fulgor con su serena rutina;
entraba y tocaba todo a su paso,
como si fuera el gran propietario,
de lo que no le pertenecía.

Buscaba en llenar los cuarteles sombríos,
desvanecer la pereza que nos derrotaba,
y encantar todo lo que no nos gustaba.

 

Porque nunca se cansaba de hacerlo.
Lo único que le importaba era;
hacer florecer  a lo que tanto tiene,
 llenada de vida a su alma.

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    Genialidad de poema amigo Kent
    Saludos

  • jorgeluisotero

    Expresivo poema, con una riqueza de contenido. muy interesante haberlo leĆ­do.
    un placer estimado poeta.



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