π˜π€ 𝐍𝐎 𝐓𝐄 π€πŒπŽ

ronald tadeo ramirez elizalde

En mi jardín ya no florecerás, ni volverás a ser primavera en mis días; en mi cielo ya no brillarás, ni serás la estrella que guiaba mis noches vacías.

 

Ya no serás el agua que calme mi sed, ni el refugio donde descanse mi alma.

He aprendido a beber de mis propias fuentes y a encontrar, lejos de ti, la calma.

 

Tú eras como el mar: inmensa, misteriosa y peligrosamente hermosa.

Yo apenas era un humilde manantial, cristalino y transparente, que un día quiso entregarte toda su vida.

 

Llegaste con tus olas, invadiste mis aguas dulces, enturbiaste lo que alguna vez fue puro y dejaste heridas donde antes había esperanza.

 

Bebiste de mi corazón cuanto quisiste, saciaste tu sed con mis sentimientos y, cuando ya no necesitaste de mis aguas, te marchaste dejando en ellas el sabor amargo de tu ausencia.

 

Ojalá no vuelvas jamás a mis orillas.

Ojalá comprendas algún día todo aquello que mis silencios no pudieron decirte.

Y si alguna vez recuerdas mi nombre, que no sea para reírte de mis palabras, sino para comprender cuánto te amé.

 

Sé que llegará el día en que tu recuerdo dejará de dolerme.

Ese día cerraré mis poemas, dejaré de escribirte en secreto y ya no buscaré tu rostro en cada rincón de mis pensamientos.

 

Ya no me alegran tus llamadas, ni tu voz consigue apaciguar mis tormentas.

Lo que antes me daba vida hoy apenas consigue recordarme por qué tuve que marcharme.

 

Tu amor fue mi castigo, pero mi condena terminó.

 

Me robaste la dignidad que alguna vez puse en tus manos, te llevaste pedazos de mi alma y dejaste un corazón cansado de esperar.

Pero no voy a odiarte para siempre; algún día, incluso este rencor se convertirá en indiferencia.

 

Ahora deseo todo, menos volver a ti.

 

No buscaré otra mujer para utilizar su amor como medicina contra tu recuerdo.

No sería justo entregarle un corazón que todavía está aprendiendo a reconstruirse.

 

Porque no quiero repetir tu historia en otra persona, ni ofrecer un amor fingido como aquel que un día creí recibir de ti.

 

De ti recibí migajas cuando yo te estaba ofreciendo el banquete entero de mi alma.

 

Y si hoy ya no soy el mismo, si mi manera de amar cambió, si aprendí a desconfiar de las promesas y a proteger aquello que antes entregaba sin miedo, no fue porque naciera cruel: fuiste tú quien me enseñó, a fuerza de heridas, que hasta el corazón más noble aprende a cerrar sus puertas.

 

Pero hoy cierro las mías.

 

No para odiarte, sino para salvarme.

 

Ya no te amo.

 

Y quizá esa sea la primera vez que vuelvo a amarme a mí.

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  • Autor: RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 14 de diciembre de 2012 a las 07:12
  • CategorΓ­a: Sin clasificar
  • Lecturas: 74


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