Samuel Rondón Acevedo

Cierre de una historia inconclusa

Etapa 2: La historia que no fue tal
III

Algún día poseerás la esencia de ese amor de la que una vez te ufanaste. Y mientras te fustigue, reiré en mi trono con las voces quimeristas que he formado en mi mente, deseándote el dolor con que el me llevaste a crearlas. Desearía que te acordaras de nuestra historia que nunca fue, porque cargarás con el ancla el cual me obligaste a llevar con el veneno de tu indiferencia.

Más que masoquismo, esta atracción obsesiva es una victoria sobre el aguante que han creado estas heridas abiertas, porque mírame, estoy vivo... a pesar de sentir lo de ayer.

Ahora ni las más profundas cartas que puedan expresar mis lágrimas reflejan el dolor que hemos causado. Perderte en esta ruina ha desenmascarado tu ser junto con todo el afecto que una vez me confesaste. Erigiste una barrera impenetrable hacia cualquier acción punzocortante que desangrara mi corazón. Ahora lloro por mí, no por ti; lloro sobre los hombros de mi soledad… por la soledad; por el resultado de esta historia que nunca fue la fabula ficticia que cree en mi mente.

Me mofo de ti porque luchas por recobrarme, tentando el resplandor que ha nacido de mi presagio, arrebatando a quien ahora pertenezco: una fantasía de mis sueños hecha realidad y a quien mi corazón con alma entrego. He deseado aprender a amar y no por ti; es a quien yo en mis sueños una vez conocí, y quien por ti, engañado, le escribí, porque tu imborrable huella aun sigue en mí. Es la musa de mis imborrables fantasías, cuya ausencia tejió un sentimiento que nunca debió desarrollarse hacia tu persona. Por eso ahora te dejo ir a la tumba que te tengo reservada en mi olvido. Descansa en paz.

Comentarios1

  • Amediana

    Bellas letras expresas en tu prosa, amigo. Un placer leerte.

    Saludos.



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