Helen Montoya

NO ME MIRES

No me mires, al menos hoy, que tengo los ojos cansados y la voz quebrada.

No me mires, al menos ahora, que llevo las manos cenicientas y la nariz congelada.

No me mires, al menos en este camino, que mis alas están sucias, y mis pies ya no saben caminar.

No me mires, que yo no puedo mirar.

No ves, que estoy cansada. Que de tanto caminar, ya no recuerdo a dónde iba.

Por favor, no me mires. No quiero me veas así, el mundo es tan grande, yo me siento tan pequeña. Me asustan los va y vienes, me duelen las palabras dichas y las por decir.

Tengo un miedo pequeño, y no quiero que me veas llorando, porque ya no sé como no llorar, ni sé porque lloro.

Tengo frió, ya perdí la cuenta del tiempo que llevo caminando por estas calles invernales, en donde la vida sigue, y yo camino. Mi abrigo ya no me abriga, olvidé traer guantes, y la neblina se va haciendo espesa.

No me mires, hay tan poco que ver.

El sol no salió hoy día, y yo me quedé sin abrigo, mis zapatos están húmedos.

No me acuerdo, tengo tan mala memoria, perdóname, no recuerdo.

¿Te conocí alguna vez?

Mi vida gira tan aprisa, pero a veces siento que se demora tanto.

Soy tantas mujeres, que no recuerdo cuál de todas te pudo conocer un día impreciso.

No me mires ahora, que yo no recuerdo cómo mirarte.

¿Fue amor, fue ternura, fue amistad, fue compañía, fue locura, fue tristeza, fue dolor? No sé cómo fue que miré.

Salí a caminar buscando a alguien, ya no recuerdo a quien, quizás eras tú, pero cómo recordar.

Mira, cargo con esto, ¿te suena familiar?

No sé si te quise, he querido a tantos hombres, ninguno me ha correspondido y ha sobrevivido a mi olvido.

Me duele tanto la perdida, que olvido los nombres, así duele menos, ¿sabes?

No fueron malos hombres, no fueron culpables tampoco, sólo…sólo no perduraron.

No, el amor no he olvidado, aún se amar. Pero el miedo que llevo es el miedo a no encontrar a quien me quiera amar también.

No lloro por ninguno, lloro por todos, lloro por todas las mujeres que he sido.

No me mires, duele mucho mirarme. Créeme, no hay quien no se haya asustado al verme, no sé qué tendré, pero a mi misma me asusta. Quizás siento mucho, quizás pido mucho, quizás soy demasiado.

No, no me mires. Sigue caminando, olvídame a mí también. No soy buena en esto, nunca he entendido de amor.

No vengas a mí, yo ya no sé cómo ir tras de ti. Necesito seguir caminando, comprar rosas azules a esa mujer que está todas las tardes en esa esquina. No quiero que me mires ahora, ahora que yo ya no quería mirar a nadie.

No me mires, no me encuentres, no me busques, no me ames. Yo no puedo, hoy no.

No me mires, no quiero que me hagan más daño. No me comprendes, el amor hiere.

Yo llevo mi corazón en mis manos, míralo, está amortajado. Voy buscando aire y sal para su herida, no me hagas mirarte, que podría querer regalártelo, y querer amarte.

Y entonces, tú no podrás prometerme quedarte, ni no herirme. Yo se que así será, y hoy no puedo.

No me mires, que yo aún tengo que sanar mi cuerpo.

No, no me digas que podrás curarme, soy ya la que tengo que aprender a sanarme.

Suelta mi mano, no ves que puedo terminar en tus brazos.

Hazlo por mi, yo necesito seguir caminando, si en otra esquina nos volviésemos a encontrar, mírame, porque yo te miraré, pero hoy no me mires.

 

 



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