Te escribo con la tinta invisible del alma, con pensamientos que nacen donde las palabras no alcanzan.
Porque quien ama de verdad no necesita ser poeta para convertir sus sentimientos en versos.
Te escribo lo que dicta mi corazón, lo que tu presencia sembró para siempre en mi memoria.
Cada palabra lleva tu nombre, cada latido pronuncia el tuyo.
Estos versos no me pertenecen.
Tú eres quien los inspira; a ti regresan como las olas vuelven al mar.
Tus ojos los leerán, tus labios les darán melodía, y tu alma sentirá mi presencia aunque la distancia pretenda negarla.
Bonita entre las bonitas, reina entre las reinas, la más hermosa entre todas las flores.
De ti me enamoré, y desde entonces mi corazón no conoce otro destino.
Si un guerrero me desafiara a muerte para obligarme a olvidarte, aceptaría sin vacilar el combate.
Prefiero enfrentar mil ejércitos, cubrir mi nombre de cicatrices o entregar la vida entera, antes que renunciar al privilegio de amarte.
Porque no existe derrota más amarga que despertar un día sin tu presencia; no hay agonía más cruel que desearte a cada instante y no poder abrazarte ni por un segundo.
La dulzura de tu voz, la ternura infinita de tu alma, la luz que habita en tu mirada, fueron el hechizo perfecto para rendir mi corazón sin resistencia.
No busco un instante de pasión pasajera, ni un amor que se marchite con el tiempo.
Quiero tu compañía para toda la vida; quiero caminar a tu lado hasta que los años aprendan nuestro nombre.
Quiero ese amor sereno y eterno que me arrulle entre tus brazos como un niño que al fin encontró su hogar.
Quiero vivir cada amanecer junto a esta hada maravillosa que escapó de un cuento de infancia para transformar mi existencia en un milagro.
Eres aquella niña de la que me enamoré hace veinte años, cuando yo era un niño travieso que llenaba de besos los dibujos de Blanca Nieves y guardaba su retrato como quien protege el más hermoso de los tesoros.
Ahora comprendo que nunca fue un simple dibujo.
Eras tú quien habitaba mis sueños, la princesa que vivía escondida en mi imaginación, la esperanza que mi corazón infantil se negó siempre a abandonar.
Y cuando la vida decidió cruzar nuestros caminos, entendí que algunos sueños no nacen para olvidarse, sino para esperar pacientemente el instante perfecto de hacerse realidad.
Hoy sé que tú eres ese milagro.
La mujer que mi alma buscó desde la infancia, el amor que el destino escribió antes de mi primer latido, la respuesta a todas mis esperas.
Y mientras exista un aliento en mi pecho, seguiré escribiéndote con el corazón, porque mi amor por ti no tendrá jamás un punto final.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (
Offline) - Publicado: 27 de diciembre de 2011 a las 01:38
- CategorΓa: Amor
- Lecturas: 160

Offline)
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