Ernesto Aganza

Dos historias...



La soledad es una enfermedad que conduce a la muerte... es una adicción que destruye la mente... 

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Era solo un paseo por la calle... ¿quién iba a pensar que me sucedería tal cosa?

Tan solo leía el diario en una banca de la plaza cuando lo ví. Iba caminando cabizbajo por la acera, vociferando una especie de poema que recitaba cosas del pasado, su vida anterior, su inafligible desdén hacia la autoridad, su constante refugio en los versos...

¿Quién diría que aquel extraño alguna vez fue mi mejor amigo?

Mis ojos se llenaron de lágrimas al verlo... reconocí su rostro casi de inmediato... miles de imágenes aparecieron en mi cabeza, recordándo los buenos tiempos... un cruce de miradas...

 

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La nieve en el camino...

la ceniza cayendo desde mi pecho sobre las huellas marcadas...

y un recuerdo...

 

"la suerte no tuvo nada que ver", diría la gente... tan solo es lo que le tocaba vivir...

yo solo pienso en mi constante decepción, abatido por un pasado aguerrido a mi corazón...

solo busco refugio en donde mis pensamientos quepan... donde pueda estar en compañía de nadie...

bastantes desilusiones he probado... me siento uno más... completamente derrotado...

 

entonces lo ví, y supe que no todo había terminado...

sentado allí, con sus ojos atónitos, y esa cara de tonto...

no pude contener mi llanto... estaba lleno de regocijo que me había olvidado del frío por un rato...

un abrazo fuerte y cálido nos conectó de nuevo, unas sonrisas esbozadas en nuestros rostros abatió la tristeza de los dos... una historia inmensa que contarnos... y una calma... que los dos necesitábamos...

 



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