Gecsa

ERES TU

Eres tu mujer  pura y abnegada,

mujer de mil caminos y noches heladas,

mujer de soledad, de mil dolores y estar calmada,

que brindas siempre tu mano a cambio de nada,

tu quien descubres los misterios de una mirada,

que con voz dulce, cuentas historias perfectas,

abrigas con tu pecho mi cuerpo casi esqueleto.

Tu, que cantas y me arrullas en mi cuna,

tu que espantas el miedo que yo siento.

Eres tu madre de mil caminos y amaneceres tardíos,

madre de mil poetas, madre de sueños y esperanzas,

quien te tuviera, quien te amara tanto.

Ahora eres tú a quien arropa la vejez

y das la juventud al muchacho,

tu que buscas entre tus sueños enmarañados

recuerdos del pasado y me los regalas

envueltos en estuches del mañana,

mujer, que tienes la mirada lejana,

tu cabeza blanca como lana o nevada,

el dolor a flor de piel o casi olvidado,

que apareces con el alba  y me enterneces,

como quisiera abrazarte y regresarte el tiempo.

Tu que me distes la fuerza y el amor que alimentabas,

aquí me tienes, de rodillas ante tu cama,

mira que te dan los años,

cuantas cosas pasan,

aquí estoy soñando tus sueños,

contándote historias imperfectas

sin  poder espantar el miedo que tú sientes,

como corren tus lágrimas,

 como quisiera convertirlas en sonrisas,

pero  son lágrimas silenciosas,

tratando de esconder la soledad que se acerca,

igual está mi llanto ahogado, triste y sombrío

y escapándose toda la fuerza que sentía,

al verte partir tan  callada e  indefensa,

solo puedo abrazarte y decirte quedamente,

madre, aquí me tienes y con esfuerzo

intento cantar la canción que me cantabas

y una sonrisa vaga se te escapa

y  te dejas ir,  puedo verte partir,

te vas a tu morada lejana

y  yo me quedo con las manos y el alma vacía,

aquí me tienes, aquí me quedo,

madre por ti estoy llorando

Comentarios1

  • Carlos Fernando

    Es un poema intenso y auténtico, una expresión total de la metamorfósis que va asumiendo la dama en cuestión, desde los inicios lozanos, pasando por la madurez de los esfuerzos y de la transmisión de la experiencia recibida en una vida de sabiduría pragmática. Hasta la inexorable y sombría realidad del lecho de la agonía. La puesta a cuentas entre la madre y el poeta en su personaje de hijo reflexivo y presente. Se puede palpar el alma que se escapa del cuerpo y el dolor permanente de la ausencia. Mi sincero y respetuoso aplauso al artista que ha forjado este poema, y mis respetos a la mujer que lo inspiró.
    P.D. Yo estuve presente en el momento que mi madre entregó su espíritu, y sé bien cómo se siente estar ahí. El autor, no pudo expresarlo de una mejor manera.



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