Jose Luis Santiago

LA ESPADA DE LA ELOCUENCIA

Miles de acuarelas distintas

con colores de agua, fragua

la vida, y el destino nos pinta

sus dibujos con ocultas tintas

y de vez en cuando las hadas

nos dan sus mágicas cintas

 

de repente me metí por sorpresa

en un intenso dialogo secreto

que acaloradamente indiscreto

entre vetos, intensamente apresa

al alma en el temor y en su parapeto

repleto de traviesas

 

mas que dilucidar echaba pestes

e introspectivo y distante, al instante

me desposo de lo que amargamente

me acuciaba de forma constante

en el interior con conflictos beligerantes

dementes y alucinantes

 

las injurias son dardos que lanzan

y deben de ser rechazados

con la serenidad y la templanza

de la conciencia que se afianza

en la fortaleza que ha edificado

con la constancia del bien obrado

 

los hechos no aceptados te enfangan

y obturan el divino y sexto sentido

es decir, esa intuición que no engaña

que de golpe, llega como una extraña

y lo que te parece un desatino

es un atino que a ti te apaña

 

diligentemente los vehementes

con disparates se hacen gigantes

a que no seas con ellos consecuentes

no siendo que de ti espanten

la paz interior, que es un diamante

evidentemente brillante

 

en el yunque el acero es forjado

y al rojo vivo y a golpes es formada

la espada que se ha martilleado

y que en el agua ha de ser templada

con maestría y paciencia, afilada

y a la cintura envainada

sea desenfundada al ser atacados

 

serena y tajante con un filo acerado

la verdadera elocuencia es cortante

y al contrincante lo deja parado

y asombrado le cambia el semblante

herido, queda cazado

y en una posición denigrante

 

como es inútil que se atacado

aquello que ha sido matado

envaina tu espada con talante

que el regodeo

solo al necio le es gratificante



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