Albin Lainez

ave cultor

.

Mantener la flotación,

en suave vaivén,

sobre terraplenes de aire.

Desplazar el trino

por coordenadas al azar,

cauces de un delta aéreo

que ascienden y bajan, girando.

 

Ser ave,

en la total magnitud

de lo ínfimo,

significa sorber el vacío,

acometer distancias sin melancolía.

Desde el cenit, atisbar

las rutinas de la especie que depreda

construyendo moradas sobre ruinas.

Y alejarse

para no respirar sus desechos,

o caer víctima de la codicia

propia del emporio

 

Ser ave.

Libre. Navegante del éter.

 

Elevo honras a dioses de cielo y tierra

que dispusieron este aspecto,

pues soy portento veloz y menudo,

con radiante plumaje y exacto gorjeo.

Así, libo néctar

en la naturaleza que me comprende.

Intento el planeo cada vez más osado

enfrentando la crispación de los vientos,

vulnerando nubes llenas

de misterios y aguaceros.

 

¿Qué libertad es más completa?.

 

Ser ave,

dueña de alada destreza

para llegar más lejos

de lo que pueda imaginarse.

 

Quizás hasta el punto

en donde nacen firmamentos

y danzan las estrellas



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