Fredy Maldonado Cordero

VOLVER A SER NIÑO

Pequeños y frágiles barquitos de papel

se mecían en círculos ondulantes,

en el pasajero riachuelo de plata,

que como encanto de dulce serenata,

eran alegría en mis sueños infantes.

 

La lluvia arrancaba de mi inocencia,

un suspiro de ilusión emocionada,

invitación a una aventura inesperada

que desbordaba en retozo sin medida

sobre el charco de proeza preferida.

 

Etapas pretéritas que ya no volverán

aunque frescas residan en mi memoria,

plasmadas indelebles en el tiempo

como estampas coloridas de mi historia,

cual estatuas envejecidas por el viento.

 

¡Oh Dios! Cómo anhelo reposar mi alma

en el terciopelo dorado de mi niñez,

de fresca sensación de naturaleza,

de mirada confiada y real belleza,

ahora ausente en los años de mi vejez.

 

Se ha esfumado la esperanza cotidiana

del sonriente motivo a nuevas aventuras,

rubricadas en extensas horas coloquiales

en recuerdo diario de abundantes travesuras,

en reparto equitativo de preseas imparciales.

 

No es posible olvidar con injusticia,

los sencillos motivos que de niño ostentaba,

limpios como el cáliz abstracto de mi cielo,

sin prejuicio, sin envidia, sin codicia,

simplemente era niño y de niño mi anhelo.

 

Hoy sonrío al evocar con gran sorpresa

cómo todo era fácil en mi bolsillo acomodar;

una rana, diez canicas, dos tornillos y algo más;

corcholatas oxidadas, viejos clavos y todavía más,

se sumaban al deleite unas cuantas golosinas,

piedrecitas de colores y un anzuelo sin usar.

 

Dulce surge hoy la reconfortante melancolía

en el recuerdo perecedero de mi niñez,

luminosa era entonces la sutil fantasía

que hoy evoco en mi mente como vieja melodía,

para fortalecer los cansados años de mi vejez.

 

Se devuelven en mi mente las mil proezas,

aventuras compartidas en leal amistad,

incansables faenas de locuras traviesas,

dadivosa energía traducida en mil destrezas,

bellas memorias con sabor a eternidad.

 

En susurro inocente recitaba mi esperanza,

floreciendo la dicha en mi tierno corazón,

sonrisa sincera y cotidiana remembranza,

que hoy ofrezco al cielo en espontánea alabanza,

con honra y respeto al dueño de la creación.

 

 

Imposible olvidar la caricia de mi madre,

la comida calentada con el fuego del amor,

pantalones planchados por la mano milagrosa,

los zapatos lustrados con ternura prodigiosa

y un poema dulce, como fiel recomendación.

 

La sabiduría integral del consejo de mi padre,

ha sido luz en el trayecto escabroso de mi vida,

tan valioso como valiosa ha sido su memoria,

como padre dadivoso meritorio de la gloria,

hoy honrado con la oración en su lápida esculpida.

 

Es por eso que hoy me atrevo a confirmar,

y por Dios que si me entienden los bendigo,

si han vivido muchos años en la dura soledad,

rememoren su niñez con gran confiabilidad,

y sean de la vida buena, el mejor testigo.

 

Más mis ansias se han renovado en la ilusión

de extender infinitamente mi dorada existencia,

para dar testimonio de que la vida es hermosa,

llenar a mis hijos con mi más dulce presencia

y enseñarles de la gran virtud de la inocencia.

 

Que el ocaso me sorprenda satisfecho y realizado,

validando el esplendor de mi espíritu de niño,

no es justo mantenerlo oprimido en el secreto,

menester es cambiar de la vida el equívoco trayecto,

rescatar de lo bueno el valor y la grandeza del cariño.

 

¡Como deseo volver a ser niño!

 



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