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SEMILLAS DE LIBERTAD

SEMILLAS DE LIBERTAD            

¿Son las horas las que marcan el tiempo de la espera, o el tiempo de empezar a cambiar nuestra mirada al mundo de los sueños?

¿Son las caras tristes de los niños que nos llaman, los árboles que han perdido sus raíces y sus hojas, o las mariposas que han perdidos sus alas al volar?

Los tiempos han envuelto en telarañas las miradas de los habitantes de la tierra, ahora viajan en globos a otro lugar del mundo, donde los hombres se besan y se abrazan, donde las mariposas no pierden sus alas al volar.

No queremos que los tiempos borrascosos nos quiten los sueños ni el derecho de soñar, tampoco queremos que en las calles dance la muerte, y sobre los techos de las casas se cuelen los fantasmas de las mil cabezas.

Abrir la puerta trasera y escapar no son los sueños de la paz, tampoco escondernos entre los miedos y pintarnos las caras perdiendo nuestra identidad.

El tiempo hace huella en la tierra y también de quien lo habita, de quien lo sueña y también de quien lo odia. Pero no es el tiempo el que cambia la historia de los hombres, somos nosotros quienes cambiamos el curso de la historia.

El tiempo es el tiempo y sobre el nacerán y morirán los hombres, también las plantas y los animales. Crecerá el niño si hay tiempo para la vida, crecerá el verdugo si le damos tiempo que le crezcan sus manos.

Los espacios están estrechos, las paredes de la habitación están frías, los cantos de los arrieros se inclinan por entre las enramadas de los arboles, las palabras del poeta crecen más allá del río.

Crines de caballos flotan en el viento, las palabras reclamantes de las madres lloran a sus hijos, los soldados van a la guerra, y allí encuentran otros soldados que son hermanos de la guerra.

En los campos y ciudades hay miseria, en los cielos hay ojos que la miran, no dicen nada, callan la verdad para no ser jueces ni testigos de las injusticias en la tierra.

Nos sentimos perseguidos, asediados y prisioneros, nos sentimos extraños en nuestro propio país. Sentimos que alguien nos mira a través de la ventana y nos apuntan a los sueños, a los pasos y a la luz de los caminos.

Todos queremos la paz pero se lo dejamos al tiempo y al destino. Todos queremos la paz pero dejamos que la guerra se coma nuestros sueños.

Todos queremos que los pájaros vuelen sin temor a que pierdan las plumas al volar, pero no hacemos nada por desarmar al agresor.

Todos queremos el pan en la mesa, pero no alzamos la voz a quienes nos gobiernan por omisión o por temor. A cambio alimentamos las paredes frías de la casa y no crecemos el fuego del amor y la libertad que por ley nos pertenece.

Escuchar el ruido que hace el agua sobre las piedras, y las canoas navegar en lo profundo de los mares, es viajar donde los sueños son albercas blancas de paz, donde se tejen otros sueños de piel y libertad.

Nacimos aquí en la tierra y moriremos aquí. Aquí cultivaremos el trigo y el arroz, aquí sembraremos los granos para que sean semillas de libertad.

Comentarios1

  • Ricardo el vedado de Irene

    No queremos que los tiempos borrascosos nos quiten los sueños ni el derecho de soñar.
    Hay palabras sabias en tus versos.



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