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PALABRAS TRISTES

PALABRAS TRISTES

Hoy no escuché el tren llegar, tampoco en mi ventana el arco iris me vino a saludar. Comprendí el silencio, también la soledad cuando se amontonó a mi lado como una hierba seca.

Hoy no escuché al otro lado del río al pescador, tampoco al cartero, tampoco tu voz arrullar mis tardíos sueños.

Hoy la luz no se coló por las rendijas de mis sueños, pasó de largo al otro lado del río, a otro lugar que no era el mío.

Hoy los tambores cerraron el paso a la alegría, los duendes se han vestido de fantasmas para ahogar mis sueños; las calles están cercadas, los ojos tienen miedo.

Hoy los monosílabos de los que mueren están pegados en mi ventana, son voces que parecen de fantasmas, voces de mi pueblo arrinconado y torturado.

Hoy el tiempo está detenido en los enjambres del tiempo, me están comiendo los huesos, me están comiendo el alma.

Hoy quisiera volver al vientre de mi madre y refugiarme  hasta cuando paren los fusiles en las calles, y los niños puedan regresar a sus escuelas.

Hoy los murmullos de los que murieron ayer me acompañan en mis sueños, los siento llegar a mi cama y cuidar de mí hasta cuando los fusiles se hayan marchado.

Hoy un niño con los ojos llenos de lágrimas preguntó por su futuro, mientras las llamas de los edificios consumían la respuesta.

Hoy me siento triste porque a la palabra le han castrado la protesta, al poeta lo han desterrado de su patria y al indio le han cambiado sus creencias.

Hoy mi mirada esta triste porque los ojos que me miran tienen sangre, los caminos del caminante tienen minas quiebras patas, y a los sueños del campesino agujas que queman, agujas que matan.

Hoy veo los árboles quemados, el río seco, los pájaros sin alas y el viento llevarse mi poesía sin decirme nada.

Hoy sentí que la vida era un barco de papel que viajaba a oscuros mundos donde no había nada, donde los silencios eran gotas de agua, gotas de sangre, gotas de mi vida.

Hoy quienes me miran no tienen la mirada dulce, a ellos también les han robado la mirada, les han robado el peso de sus almas.

Hoy las aguas de mi pueblo llevan hombres envueltos en sábanas negras, también allí van pedazos de mi vida.

Hoy veo a mi pueblo correr por las calles llenas de pólvora, abrazar sus lágrimas, abrazar su destierro.

Hoy los silencios de los que mueren se hacen bloques de hielo en mi alma y los gritos del que vive se hacen llamas en mi corazón.

Hoy morir no sería la solución, cuesta más la soledad cuando se muere solo.

Hoy hay gotas de vida que se pierden, pero mis manos no dejan de escribir este momento, porque es lo único real que me queda.

Hoy no sé si estoy vivo o estoy muerto, la diferencia no me importa, solo quiero que hoy no sea mañana por los que quedan, también por los que llegan.

Hoy un pájaro se poso en mi ventana, negó irse porque sus alas estaban rotas por las balas, y el árbol donde dormía lo quemaron las bombas incendiarias.

Hoy las campanas de mi pueblo no sonaron, tampoco el tren llegó a la estación, me asomé al balcón, y me di cuenta que el pájaro y yo éramos los únicos sobrevivientes de una noche de bombas y cuchillos.

Hoy tengo la piel de otro color, le pregunté al pájaro por qué,  él me dijo que era el color de la tristeza, y que a lo mejor moriría con ella hasta cuando a la tierra viniera el hombre nuevo.

Hoy quisiera enterrarme debajo de la tierra y así escaparme de las voces que me llaman y me dicen, que el tiempo de mi vida ya pasó.

Hoy he caminado por las calles polvorientas de mi pueblo, y he encontrado las cenizas de los que han muerto en esta guerra fratricida.

Hoy he buscado los recuerdos cuando era un niño, pero he encontrado paredes oscuras que no me dejan llegar a ellos sin saber por qué.

Hoy mis pies están cansados, también mis ojos de ver la ciudad en ruinas y los fantasmas de los muertos perseguirme mientras duermo.

Hoy he hablado desde mi ventana con el pájaro que está herido, y he llorado con el sufrimiento de no poder rescatar las alegrías de volar.

Hoy me he mirado al espejo, le he preguntado al otro yo donde están los sueños que soñamos cuando éramos niños, pero el esta mudo, el no sabe quién es él.

Hoy  mis palabras están tristes, porque no encuentro otra manera de ver al mundo tal como es; el se ha comido mis alegrías, mis sueños y la razón de ser.



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