La Sirenita, ¿y si el cuento nunca fuera cierto?

Hace unos días el mundo se conmovió por la elección de una actriz negra para hacer el papel de La Sirenita. Cuando a nuestros (o vuestros, mejor dicho) hijos les contemos las cosas que sacudían los cimientos de nuestro tiempo van a pensar que estamos de broma, que no puede ser cierto. Pero sí, cada vez son más frívolas las frivolidades que nos mueven el piso. Los argumentos contra la decisión de Disney están llenos de tópicos, de racismos encubierto (me ha hecho gracia esa forma en la que se ha vestido esta vez, con el sistema de espejito rebotador que nunca falla) y, sobre todo, un desconocimiento de la tradición, que es lo que a mí más me preocupa. No, no me preocupa más porque lo crea menos grave que el racismo, sino porque creo que el racismo es consecuencia de la falta de conocimiento histórico. Todas las verdades que nos comemos desde que nacemos surgen de una absoluta vulgaridad y un desconocimiento de nuestra historia como especie. Y por eso me interesa más. Porque si queremos cambiar el mundo debemos ir al origen, y entender por qué ocurren ciertas cosas. Por eso me decidí a escribir este artículo sobre La Sirenita, sobre Disney y sobre los gastados tópicos que cubren el mundo de la ficción y que los aceptamos como verdades inamovibles.

Una Sirenita que añora

Me ha gustado mucho este post en Travel me Softly que escribió Zeneida (y me fascina además su nombre). De alguna forma Zeneida explica por qué la escultura de La Sirenita de Copenhague no se parece en nada a la Ariel que muchos hemos conocido a través de la adaptación del cuento que ha hecho Disney. Una Sirenita que intenta regresar al mar porque las condiciones de la trama le exigen matar al hombre que todavía ama y al no sentirse capaz se decide a aguardar su muerte. Intenta entonces volver a casa, pero nunca llega. Se queda observando las profundidades del agua con su voz inútil y sus piernas humanas. Porque así es el cuento de Andersen.

¿Por qué entonces tantas personas critican a Disney por el lavado de cara que le ha hecho al persobaje? Por un lado seguramente esto tenga que ver con el desconocimiento. Esas personas no son capaces de asumir que la imagen que tienen de la sirena es una adaptación y que, como tal, puede cambiar a lo largo del tiempo. En segundo lugar porque no son capaces de entender que la ficción no se refleja en la superficie. Los cambios que vivimos al leer o ver una película no se reflejan en nuestra piel sino en una parte de nosotros que no llegamos a ver definida: nuestro cerebro, nuestros intestinos.

Water Nymph de Lucas The Elder Cranach.

La Sirenita de Andersen

Es sumamente común leer frases como «el cuento de Andersen» y es importante señalar que hay un pequeño matiz. Andersen no inventó la historia. La Sirenita, al igual que todas las historias del escritor danés se corresponde con una tradición oral antiquísima, a la que Andersen prestó atención y puso en palabras. Esto podría significar que lo que Andersen publicó también es una versión; es decir, que la verdadera historia no existe como tal. Ahora, si tenemos que regirnos por una trama, sin duda deberíamos ir a su origen; pero no lo hallaremos en las versiones endulzadas que publican las editoriales para niños, que no respetan el color dramático y nostálgico de la narrativa de Andersen, sino al verdadero sentido del cuento, que es oscuro y educativo.

Andersen escribió La Sirenita para ser representada en formato de ballet. No obstante, su verdadera popularidad llegó cuando la incorporó a su famosa obra «Cuentos de hadas contados para niños», en 1837. Y la historia era bien diferente a la que nos contó Disney.

La gran diferencia entre ambas reside en que la de Disney es una historia de amor mientras que el de Andersen es un cuento de desamor y sacrificio, y una historia atravesada por la realidad. No todas las vidas terminan bien, no todos los finales son felices: eso vino a decirnos Andersen en cada una de sus narraciones; sin embargo, de todas las vidas tristes tenemos algo para aprender.

Volviendo a la trama. La historia es casi como la conocemos: lo que Disney se olvidó de contarnos es el dolor. Cuando Ariel le pide a Úrsula que le cambie su cola de pez por unas piernas humanas da a cambio no sólo su voz sino también la vida tal cual la conoce. No sólo se separa de su familia para siempre sino que el uso de las piernas le depara un profundo dolor físico. Pero sus piernas son buenas bailadoras y ella para encantar al príncipe las usa en su favor, sufriendo profundamente cada uno de sus movimientos. Aquí, el dolor.

Lo otro que Disney no nos cuenta es que el final no es feliz. Después de que el príncipe se casa con la princesa del reino aledaño, Ariel tiene sólo una alternativa si desea conseguir el alma eterna –las sirenas viven 300 años y luego se evaporan como espumas de mar–: matar al príncipe con una daga especial que también le facilita Úrsula. Cuando está a punto de hacerlo se da cuenta de que es incapaz y prefiere condenarse a sí misma al olvido eterno antes que cometer esa locura. Sus horas están contadas y entonces decide acercarse al agua, para poder despedirse del mar. Allí la encuentra la muerte: recordando tiempos pasados, añorando todas esas vidas que no tomó por obsesionarse con el brillo de los hombres. Aquí, la muerte, en sentido metafórico y literal.

Pero hay una tercera cosa. Por un lado, este cuento es una revisión de las fórmulas mágicas del amor romántico y una réplica al matrimonio y las imposiciones sociales, donde dar es sufrir. Por otro lado, está la enseñanza, que es seguramente uno de los elementos más importantes de los cuentos tradicionales. En este caso es la posibilidad. Por haber sido una sirena justa, Ariel dispondrá de otros 300 años como ser etéreo para conseguir miles de almas justas, con actitudes similares a la suya, y si lo consigue podrá obtener un alma y convertirse en una criatura eterna. Aquí también hay un juego entre la enseñanza con moral y la importancia de la imaginación para mantener con vida al niño que llevamos dentro. En Andersen estos dos elementos también son muy frecuentes. Aquí, la literatura.

Tener en cuenta la tradición es un buen punto de partida para interpretar el presente. Sólo así podemos cuestionar el trabajo de los otros. Por mi parte, creo que ya va siendo hora que las niñas de todo el mundo puedan sentirse identificadas con los personajes de los cuentos sin tener que hacer un enorme esfuerzo imaginativo. Sea como sea, recomiendo la versión de Andersen para descubrir el maravilloso mundo de los cuentos tradicionales.

Foto: miviaje.com

Comentarios1

  • Luis Estable

    Buena informacion. Un cuento de esta indole no tiene raza ni color de piel. Es uno que cuenta algo de la vida y los personajes pueden ser de cualquier raza o color de piel.
    Es tiempo quel mundo entienda esto muy bien.
    Gracias,
    Luis Estable



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