Remedios Zafra: una reflexión sobre Internet y el Capitalismo

Remedios Zafra: una reflexión sobre Internet y el Capitalismo

Remedios Zafra es una mujer dulce, menuda y con una mirada más grande que sus propios ojos. Al verla entiendo por qué es capaz de escribir como escribe y de observar el mundo con el criterio con que lo hace. La semana pasada en el ciclo Práctica Literaria con Perspectiva de Género, Remedios conversó con Cristina Consuegra acerca de su último libro, «Ojos y capital», una de esas joyas extrañas que sólo ocurren una o dos veces en el mundo de la literatura.

Escribir transgrediendo los géneros

«Es una suerte tenerte cerca, leerte y tocarte». Así comienza Cristina. Pensar en esos ojos que miran a través de la pantalla, conversar sobre ellos y sobre lo que ven sin que haya dispositivos que hagan las veces de intermediarios, no deja de ser una mágica oportunidad.

En una época en la que las relaciones se caracterizan por «ocurrir» detrás de las pantallas, es agradable y grato descubrir que todavía existe la cercanía. Con esta idea Remedios comienza, haciendo alusión también a la diversidad en los presentes y agradeciendo nuestra presencia. Y pasa a contarnos sobre este artefacto que es el responsable de que hoy estemos aquí reunidos.

«Este libro no es más ni menos que una reflexión sobre la época contemporánea». Comienza Zafra; a quien le resulta difícil estigmatizar lo que escribe en torno a un género y asegura que lo único que verdaderamente se plantea antes de comenzar un libro es el objetivo de no repetir el mundo. Así mismo cree en la idea de contribuir a la vida con un artefacto colectivo: crear un mundo mejorado, y para eso, se vuelve necesario-imprescindible reflexionar sobre el presente.

Cuando se trata de hablar de géneros aparece la disyuntiva. A Zafra le irrita la idea de que existen distintos tipos de escritura y aunque sabe que el ensayo tiende a desvalorizarse si tiene un estilo más sincero, considera fundamental el ser consecuente consigo misma a la hora de escribir y comprometerse hasta tal punto con la escritura que al leerla podamos verla, empapada de esas palabras, detrás de cada sílaba. Le resulta fundamental escribir desde la frontera, desde los límites que existen entre géneros y encarar la escritura con una única intención: escribir. Y escribir implica simplemente contar las cosas que necesita, sin detenerse en el género, dejando que sus ideas fluyan sobre el papel según las necesidades de cada instante, de cada página. Sólo los animo a que se acercan a su escritura para descubrir un libro auténtico, lleno de poesía y donde literatura es emoción-pasión.

«Ojos y capital» es un libro que se origina en tres ideas que fueron cobrando vida e importancia en sus reflexiones. La primera de ellas se remonta a la librería particular que Zafra compartió de pequeña con su hermana en el seno de su familia. Nos cuenta: «En casa no había libros; pero mi padre, que apenas sabía leer y escribir, sí sabía de la importancia de los libros».

Y fue esa certeza la que lo llevó a establecer contacto con un librero que trabajaba en la sección de rebajas o saldos de una librería, a quien comenzó a comprarle libros de orígenes variopintos que comenzaron a llenar y llenar la casa, tansformándola completamente. En esa biblioteca con ansias de almacén las dos hermanas leyeron la más variada literatura. Aquellos libros que nadie leía o que nadie había deseado conservar, comenzaron a darle vida a las paredes de esa casa en la que antes no había libros. Y las dos niñas crecieron fascinándose con las enciclopedias, de las que les faltaban algunos tomos, y pudieron hacerse una idea de lo que era el mundo. Y esas heterogéneas lecturas fueron las que le permitieron a Zafra llegar a una conclusión: «Me di cuenta de que no era descabellado leer aquello que todos descartaban para cambiar las cosas. Si así (leyendo lo que habían leído) se había llegado el mundo que teníamos…».

Remedios Zafra: una reflexión sobre Internet y el Capitalismo

Números que valorizan-banalizan el contenido

Y aquí se hace presente el segundo punto que trata este libro: el valor de los más vistos. Un tema que interesa muchísimo a Zafra y que la lleva a reflexionar en torno al presente pero también al pasado; a la forma en la que desde siempre nos relacionamos las personas con el mundo que nos rodea. Y nos sitúa para que la sigamos sin ambages en el salón de su casa junto a las enciclopedias de esa enorme librería que fue ocupando la infancia.

Leyendo esos libracos ella y su hermana se dieron cuenta de que casi no aparecían mujeres; y después de mucho pensar llegaron a la conclusión de que las mujeres escritoras y científicas debían tener apellidos con las letras de los volúmenes que les faltaba. Tan inconcebible les resultaba pensar que no había lugar para las mujeres en el mundo de la cultura. Y esa forma en que la literatura se relacionó siempre con el valor de los vistos, hoy también podemos encontrarlo en Internet, donde, como dice Zafra: «Cada día se inventa el día».

Y aquí aterrizamos en una certeza que resulta llamativa y que nos muestra el lado oscuro de las redes. En ese mundo donde el excedente se impone como un método de censura donde los que no son vistos parecen carecer de valor, el sistema que lo engloba es el mismo que nos aplasta afuera. Sobre eso dice Zafra: «Las viejas ideas se acentúan con Internet, ya que no por ser más tecnológico el mundo es más igualitario». La política de la visibilidad se ejecuta gracias a los ojos, que operan como una nueva forma de la igualación del valor a lo visible. Los números son los que valorizan el contenido en el contexto Internet; números que se contabilizan con los ‘me gusta’ o los ‘retuits’.

Y siguiendo con esta reflexión llegamos a la tercera idea que se encuentra habitando «Ojos y capital», la confrontación de dos conceptos interesantes: democracia vs oclocracia. En el mundo virtual que habita detrás de nuestras pantallas, la libertad es un ideal utópico; porque nuestra interacción con ese mundo sirve a una sociedad capitalista que nos industrializa (nosotros mismos somos contenido) y determina qué es lo que vale algo, al equiparar la visibilidad con el valor.

«Yo siempre he defendido la pasión del hacer; pero es muy diferente cuando nace de uno a cuando es industrializada por la sociedad capitalista». Hacer-crear para que me vean parece el objetivo de la mayoría de los hacedores en la red; conseguir más vistas para que el trabajo se valorice. Y en este punto la propia pasión se tambalea y se pone al servicio del capitalismo. Estoy convencida de que leer este libro podría servir para reflexionar firme y fieramente en torno a este problema y en cómo nos afecta.

Remedios Zafra: una reflexión sobre Internet y el Capitalismo

El sujeto y lo colectivo en Internet

A partir de estos tres puntos, nos cuenta Remedios, fue dándole cuerpo a este libro que se compone de dos puntos de vista bien definidos: uno que analiza el mundo desde el papel del sujeto en Internet y otro que se apoya en lo colectivo, cuando se pasa del yo al nosotros.

En este profundo análisis se puede llegar a la conclusión de que existen lecturas de género interesante en quienes están visibilizándose y marcando tendencia en Internet. Remedios pone el siguiente ejemplo. En Instagram las cuentas más populares son de modelos y mujeres que operan como estereotipo y referencia de lo femenino y del éxito. En Youtube llevan la delantera hombres jóvenes que se pavonean frente a la cámara hablando de ellos mismos. Esto puede llevarnos a comprender que detrás de la pantalla la vida no es tan diferente a la que nos rodea; que los estereotipos y los valores que marcan tendencia son los mismos, y, podríamos decir, que la libertad ya dejó de ser un tema de conversación.

En este punto Zafra se apoya en el libro «Ensayo sobre el don» de Marcel Mauss. Allí el autor estudia la forma de intercambio de las sociedades arcaicas donde el dar, recibir y devolver estaba ligado a un vínculo moral; cosa que no ocure en la sociedad capitalista: donde las personas intercambian cosas y dones pero no existe ese lazo afectivo o estrecho. Zafra apuesta por una colectividad en la que seamos agentes activos para reivindicar ese lazo ético y moral.

«Al leer a Remedios quieres encerrarte a leer para pensar y también para decirle a la vida que necesitamos más silencio y tiempo para leer», dice Cristina cuando Zafra concluye. Entonces aparecen las preguntas, que Remedios responde con certeza y seguridad. Dice que está convencida de que esa relación dicotómica sobre Internet (si es bueno o si es malo) ya la hemos superado; lo que queda, lo que hay de frente, es un espacio que necesita de la crítica, de la creación de discursos críticos y de la transformación de los usuarios-consumidores en entes creativos y creadores. Pero para conseguir todo esto es indispensable tomar una distancia y analizar lo que nos rodea, lo que somos, lo que son los otros, lo que es el sistema que nos engloba. Para ello puede resultar muy útil aquella frase de Pierre Bourdieu:

Recuperar la cercanía y los espacios vivos podría ser una forma de llevar a cabo esa reflexión. Voces sin ese brillo latoso de los programas de audio, ojos sin el parpadeo cutáneo de los píxeles, cuerpos que emiten energía que no se queda en el cuarto propio sino que sale, atraviesa la sala, y nos toca. Coincido con Cristina absolutamente, es una suerte haber estado allí; porque así de mágico es estar y tocar a Remedios más allá de la pantalla-papel.

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