Lo que el Romanticismo trajo a la literatura. Te contamos las diferencias entre la visión inglesa y la alemana de este movimiento fascinante.

Uno de los momentos más interesantes de la historia de la literatura es el surgimiento del Romanticismo. A finales del siglo XVIII, mientras Europa vivía los efectos de la Ilustración y el racionalismo dominaba el pensamiento, un grupo de artistas y pensadores comenzaron a decantarse por otra mirada, que ponía en el centro del arte la subjetividad y la imaginación. Ese movimiento sería denominado Romanticismo y no sólo transformaría la manera de crear sino que además impondría una nueva manera de ver las relaciones entre el individuo y la naturaleza, entre el sentimiento y la razón.
La exaltación del yo y la subjetividad
Si hay algo que caracteriza al Romanticismo poético es la importancia que el yo lírico adquiere en los poemas. El poeta, que hasta ese momento cumplía el papel de observador que detallaba aquello que atravesaba su mirada, filtrado por los valores religiosos primero y luego racionales, se convierte en testigo absoluto de la experiencia, alguien que interpreta las emociones y les da predominancia en el poema. Dichas emociones son extremas y van del éxtasis a la desesperación. La melancolía, la nostalgia por lo perdido y la fascinación por lo sublime atraviesan los poemas de esta época, y cada verso representa una experiencia subjetiva de la realidad.
La naturaleza aparece de una forma distinta durante la era romántica, deja de ser un simple decorado. Montañas, bosques, ríos y cielos se convierten en espejos del alma, y le sirven al poeta para extrapolar sensaciones o experiencias donde lo humano y lo divino dialogan. El pensador Immanuel Kant describe al genio como un mediador entre la naturaleza y la obra de arte; los poetas románticos llevaron esta idea más lejos: el poeta tiene la capacidad de captar de forma simultánea tanto su experiencia interna como la realidad externa y ponerlas en un mismo plano, a través del cual lo finito de la experiencia humana y lo infinito de la naturaleza se vinculan.
Los antecedentes del Romanticismo podemos ubicarlos en la literatura gótica, siendo Horace Walpole y Mary Shelley dos de los principales representantes de la transición entre ambos. La fascinación por lo oscuro, lo misterioso y lo sobrenatural de la literatura previa fue el punto de partida para que la poesía del Romanticismo incorporara temas como la muerte, lo espectral y la decadencia, y desarrollara con acierto una literatura donde la vulnerabilidad del yo se enfrentara con la realidad y la naturaleza de una manera totalmente nueva.

La naturaleza, durante el Romanticismo, era un espejo de la experiencia subjetiva
Entre el Romanticismo inglés y el alemán
Aunque en el ámbito poético cuando hablamos de Romanticismo solemos mencionar la poesía inglesa, es importante señalar que este movimiento tuvo dos pilares importantes: el romanticismo inglés y el alemán.
En Alemania, el Romanticismo surgió en torno a la figura del genio creador y a la filosofía de lo infinito. Poetas como Novalis y los miembros de la escuela de Jena pensaban la poesía como un terreno de unión entre la intimidad y la naturaleza. Para los alemanes la imaginación era una fuerza capaz de revelar la verdad profunda del mundo, y lo plasmaban a través de la exploración de lo místico, lo filosófico y lo espiritual.
En Inglaterra, por el contrario, el Romanticismo enfatizó la emoción y la experiencia sensorial. Algunos de los poetas más destacados de este período son William Wordsworth, Joanna Baillie, Samuel Taylor Coleridge y John Keats, que pusieron el acento en la relación directa con la naturaleza y en la intensidad del sentimiento humano. En ambas estéticas, sin embargo, la imaginación era el gran tema de discusión y a la que había que otorgarle protagonismo.
Estas diferencias de enfoque resultaron en estilos muy diferentes. Mientras que la poesía alemana es más fragmentaria y simbólica, la poesía del Romanticismo inglés se caracteriza por ser más narrativa y descriptiva, y suele representar escenas de la vida cotidiana a través de las cuales se incorpora una visión sublime de la experiencia humana.
El gran aporte del Romanticismo es que nos enseñó que la poesía no sólo refleja la vida, sino que puede transformarla. La obra poética se convierte entonces en un acto de creación de mundos que conecta lo individual con lo universal. Sin lugar a dudas, uno de los períodos más fascinantes de la historia de la literatura.

Joanna Baillie, personaje ineludible del Romanticismo inglés

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