Antoine de Saint-Exupéry, más allá de «El Principito»

No es que tenga que haber más. No es que «El Principito» no sea un libro suficiente; aunque sin lugar a dudas, la literatura de Saint-Exupéry e incluso su noción de la vida fue mucho más amplia que esta novela que para muchos podría tener ciertos tintes dogmáticos y que podría presentarse como un rociado amarillento de lo que la vida es en realidad. Sin duda, se trata de una historia escrita por un ser sensible, pero también en los inicios de su carrera. Cuando nos zambullimos en las obras posteriores de Saint-Exupéry descubrimos su verdadero talento y su exacto deseo de lo que era la literatura, lo que perseguía cuando se sentaba a escribir: un espacio para reflexionar en torno a la condición humana. En este texto escribo sobre la faceta menos conocida del escritor francés, aunque no poco relevante.

Pasión por el vuelo

La pasión por los aviones le nació desde muy pequeño. Engañaba a su madre para poder escaparse a las pistas de vuelo y construía pequeñas naves para comprender el funcionamiento de estos pájaros mecánicos, que algún día sabía, conseguiría pilotar. Y así fue. Como piloto su carrera es casi tan larga como su prestigio literario y entre sus muchas aventuras podríamos citar la participación en la Segunda Guerra Mundial, que le valió un accidente del que casi no cuenta el cuento y una Medalla de Honor.

Además, escribió numerosas obras en torno a esa pasión de ave. De hecho, su primer libro, “El aviador”, fue una buena forma de entrar a la literatura enlazando dos universos amplios y necesarios en su vida en una obra que le convertiría en breve en uno de los escritores más importantes de Francia en el exterior. Posteriormente publicaría también «Vuelo nocturno», en la que relata una historia que tiene puntos en común con la que sería su obra extraordinaria (hablo de El Principito) y que continuaría sirviéndole para escalar en fama y prestigio. Volar, de eso se trataba; en la literatura y en la vida. Quizás el que mejor supo resumir la vida de Saint-Exupéry fue Umberto Eco, al decir que no se sabía si Antoine escribía para volar o si volaba para poder escribir.

Pero Exúpery no perseguía laureles y quizás apreciaba menos (¿o más?) la vida de lo que creemos; por eso cuando le pidieron un reportaje sobre los acontecimientos que la dictadura de Franco estaba haciendo en España, no dudó en dar el sí. Su búsqueda era otra. No le interesaba saber quiénes eran los buenos; no buscaba un punto del vista al que aferrarse, necesitaba vorazmente entender lo que movía a los hombres a enfrentarse unos contra otros. Posiblemente no obtuvo de aquel viaje una respuesta consistente.

La búsqueda eterna de Saint-Exupéry

Sus libros sobre la guerra son varios; como piloto estuvo presente en diversos combates y en varias ocasiones sufrió accidentes que casi se cobran con su vida. En particular hay uno maravilloso sobre la guerra de España que es de lectura obligatoria para aquellos que deseen no tanto entender ese momento crítico en la historia de la península sino más bien conocer más a fondo de qué estamos hechos los humanos: porque esa fue la búsqueda eterna de Antoine, la que persiguió en cada uno de sus libros y evidenció como nunca en èste.

Se titula «España ensangrentada» y se compone de cinco reportajes realizados entre 1936 y 1937 en Madrid, Barcelona y Aragón. Aunque la misión que se le había encomendado consistía en recabar información para realizar un reportaje que expusiera las causas de la revuelta y conversara sobre la guerra con los protagonistas de la realidad política, Saint-Exupéry convirtió aquel viaje en una ida hacia el corazón de la condición humana; en un desesperado intento por comprender las verdaderas pulsiones que llevan a los hombres a matarse entre sí. Aquella investigación tuvo como protagonista la paz; como si el escritor la persiguiera con todas sus fuerzas, en cada conversación, en cada texto, paradójicamente en un mundo, y en una Europa sobre todo, que se encaminaba constantemente y de forma irremediable hacia la guerra.

El misterioso vuelo nocturno

Lo peor de la guerra, sin embargo, Saint-Exupéry no lo vería. De una forma misteriosa, desapareció, como esos haces de luz que dejan constancia de su paso pero que no se dejan ver nuevamente. Como lo había anunciado en varios de sus libros, el aviador desapareció sin dejar rastro. Estaba en un viaje de reconocimiento en la zona alpina de Córcega antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial. Su misión era tomar fotografías en torno a las posiciones de las tropas alemanas antes del desembarco de los aliados en Provenza, pero nunca llegó a completarla.

Algo pasó en aquel vuelo. De pronto se interrumpió la comunicación y no volvió a saberse nada del piloto. Hay quienes creen que su nave fue alcanzada por fuego enemigo, otros están convencidos de que Saint-Exupéry había escogido aquel último viaje para despedirse de la vida, en un último y misterioso «Vuelo nocturno», como aquel libro que tanto nos ha fascinado a los lectores. Nos quedan sus libros para siempre; que se esparcen en nuestra literatura mucho más allá del Planeta B 612. Aquí quedan estas recomendaciones del gran escritor francés, para quien guste escarbar un poco más en su obra.

Comentarios1

  • Rapsodico

    Que artículo tan bonito. Me ha encantado leer aspectos más íntimos del excepcional escritor francés. Un abrazo, Tes.



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