Ángel García Aller

El viejo Clochard

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"...innumerables cuerpos
hermanados
por una herida fresca en todo el pecho"
(Virgilio Garsaball)


Grenoble
era entonces la ciudad de los suicidas,
pero nunca se supo,
nadie dijo
por qué extraña razón de parentesco
los perros ladraban a la luna
y el viejo clochard
¡tan torpemente!
preguntaba la edad de las palomas.

Era cierto
que podríamos vender nuestra miseria
a cualquier transeúnte avaricioso,
que una dama italiana compraría
tus poemas a diez liras
y que Antonio
Fernando, el otro Antonio, Victoriano,
los amigos comunes perfilaban
una tierra más allá del desencanto.

Era cierto
y lo es que cada noche
subíamos de un modo inexplicable
al punto más alto de la historia:
allí Pablo
de Chile, allí Vallejo,
Vladimiro Maiacovski boca arriba
como aquél que se cansa de ser hombre
y es un muerto no más
¡quién lo dijera!

Cada noche
amigo, cada herida
que susurra quién sabe de qué modo
cuando toda la canción nos es extraña
y el viejo clochard pasa de largo
contando las estrellas con los dedos
por ver de redimir
tanto silencio.

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