Amantes clandestinos

Ana Emilia Lahitte

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Uno
va internándose
en la fatiga horizontal que llega
a seducir los huesos
y el silencio
como si fuesen huéspedes fugaces
o amantes clandestinos.
Y un día
nos sorprende descubrirnos
dueños de una morada
abierta a la intemperie de toda soledad.


Vamos tendiéndonos
junto a nuestra sombra arropándonos con ella.


Hay un cambio de piel
que nos desnuda.


Y la fatiga invade.
Murmura otros idiomas
que no son extranjeros pero emplean
sin voz
otras palabras.


Para no herirnos.
Para no decirnos que hemos comenzado
a habitar el adiós.

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