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Jorge Robledo Ortiz



Adolescencia



Ya no eres una niña.
Ya la vida te ha enseñado a fingir.
Ya no es sencilla y simple tu 'balaca'
De seda azul turquí.

Las trenzas, que tenían la estatura
De tu propio candor,
Cedieron su lugar al caprichoso
Peinado del amor.

Ya se inicia en tus Ojos algo triste.
No son aquel cristal
Donde se reflejaba tu pureza
Cuando ibas a rezar.

La muñeca de garzos Ojos claros
Y cuerpo de cartón,
Ya no escucha el arrullo de la sangre
Cerca a tu corazón.

El delicado delantal de lino
Que te vistió de mayo la niñez,
Ya no alcanza a cubrir tanta primicia
En plena madurez.

Ya sabes la razón de muchas cosas
que debiste ignorar.
Ya comprendes que el beso entre los labios
Ha cumplido tu edad.

Algo mata tus simples alegrías.
Algo acecha en tu sangre la virtud.
Ya sientes que la curva es casi un grito
Que da la juventud.

En tu cuerpo la vida está cantando
El salmo del amor.
Bajo la enredadera de tus venas
Está de ronda el pálido Pierrot.

Ya sabes que el Crepúsculo es la historia
De una gran soledad.
Ya casi compadeces a la luna
Por su virginidad.

La inocencia que hablaba en tu silencio,
Hoy se calla en tu voz.
Ya comprendes que basta una mirada
Para romper las fuentes del rubor.

Ya sientes que en la fragua de los ojos
Se quema la oración.
Ya sabes que al final de cada lágrima
Está esperando Dios.

Tú misma no te explicas qué proceso
0 qué fuerza vital,
Sacude tu pequeña anatomía
Con fuerza de huracán.

Cuando escuchas el llanto de un pequeño
Tiembla tu castidad,
Y sientes que en la curva de los senos
La leche niña quiere despertar.

Ya cumpliste quince años. Ya la espina
Toma parte en la historia del rosal.
Ya escuchas las pisadas de una pena
Siguiendo tu cantar.

Ya no eres una niña. Tu 'balaca'
De seda azul turquí,
Sueña en los diminutos escarpines
Que teje el porvenir.

Ya entiendes la razón de muchas cosas
Que debiste ignorar.
Ya sabes que en el beso se prologa
Toda maternidad.

Tú misma no te explicas el proceso
De esa fuerza vital.
Sólo comprendes que al cumplir quince años
Dan ganas de llorar.

Y aunque en tus labios lucha castamente
La sencilla oración,
Algo te dice que la paz del alma
Se quedó en la muñeca de cartón.