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Amparo Amoros




El rostro

Los años han dejado este paisaje
a la medida exacta de mis dedos
y amor es recorrer sus calles hondas
que anegara una noche la llovizna tenaz
del corazon, cuando el viento trizó en nubes
los sueños encapotando el alma.
Transeúntes las yemas con su savia de cera
por el muro salobre de la mejilla
o el desconchado alero de las cejas.
Yo conozco la voz de esas ventanas
y ese bosque interior que me desvela
el postigo entornado de los párpados,
la hospitalaria luz de esa mirada
que siembra la caída de la tarde
con la espesura umbría que manan las caricias
y hoy quisiera dentrarme sobre las hojas húmedas
por el largo paseo de los tilos
que se aventura despacio en las pupilas
y abandonarme por su pensamiento
como se entrega la fresca habitación
a la penumbra cuando declina el día.
Eso es amar ahora, y es dulce este viaje
de mi mano en el óvalo
¡oh tibia empalizada del encuentro!
La cita y los cristales empañados
con el tímido vaho de la complicidad.