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Oscar Ferreiro




La guardia urbana



-Por vos, mi pobre inocente,
vendrá un día la montada...
-La montada ya no existe;
no empieces con tus macanas.
-Da lo mismo, ya me acuerdo,
le dicen la guardia urbana
pero igual, a garrotazos,
harán charque de tu espalda.
A arrancarte de este rancho
un día vendrá, sin falta.
-Y yo les daré un buendía
con este cabo de nácar.
-No te hagas ilusiones.

¡No te servirán de nada,
hijo mío, esas sonseras
que en la cabeza te bailan!
-No es cierto, mamá, en el mundo
la nueva idea está en marcha.
-Soy una pobre burrera
con mi burro y mi burjaca.
La banda es para los ricos,
para los pobres la guacha.
¡Soy una triste burrera
bebiendo en jarro de lata
las lágrimas de mi gente
y las mías más amargas!

Desde Ysaty hasta Asunción
es larga la caminata
y a punta de bayoneta
resulta mucho más larga.
Maniatado con alambre
y a empellones de culatas
desde Ysaty, por Dos Bocas,
lo repunta la canalla.

-Un rojo pañuelo al cuello
será el premio a tus pureadas,
pero no será de trapo
sino de sangre barata.

Sobre el óleo de los charcos
patinan las carcajadas
y un pipuu alcohólico y largo
se clava en La Salamanca.
Un degüello de yuyales
asustado el viento ensaya
y ganan los albañales
rápidamente las ratas.
Como un cíclope mareado
un tuerto el ojo se palpa
y los horrores del mundo
tan increíbles repasa.
Asunción, sucia y artera,
sin azahares, sin nada
que no sea la insolencia
de tus cobardes mesnadas.

-¡Suéltenme las manos, perros,
y así sabrán quién les habla!
¡Ese trapo colorado
les meteré en la garganta!

-Emboty nde picha’í
re ñemboayura pytáta.

-Dios te salve y tu abogado,
ápente ya reikopáma...