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Paz DÝez Taboada




Entresue├▒os



Hac├şa ya alg├║n tiempo que el reloj era sombra.
Tras los visillos caminaba el v├ęrtigo
y el crep├║sculo echaba los cerrojos.
Cuando ya las paredes retorc├şan,
entre gru├▒idos tiernos, sus espaldas
-a punto de perderse los perfiles-,
las columnas del sue├▒o se alzaron luminosas
y rebotaron entre las tinieblas.
En la sombra, las rosas subrayaban
la decisi├│n final de alg├║n camino.
La mano encontr├│ el hilo, tanteando,
y la cara del tiempo dej├│ caer las once.