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Luciano Casta��n




A veces, en primavera



A veces,
cuando atardece el cielo en primavera
surge como un sobrecogido y mágico
clarinazo en todo el barrio
rasgando la alegría prisionera.
Es que el seno de las barcas
llegó pleno, fúlgido de coletazos
y boqueadas agónicamente ávidas.

(En las calles
reinaba aún el vacío de la espera.
El vasto vocerío enmudecía
y sólo los niños en sus juegos
modelaban su inconsciente voz de fresa.
Era la amada hora de la precena.)

Los hombres que descansen o que beban.
Las mujeres...
Un oloroso, cocineril humo
-vaharadas de peces fritos-
brisea por las ventanas
o se comba denso fuera de las chimeneas.

Cuando se vaya -hoy-
el liviano sol que alivia penas,
la noche remunerada de las personas
será una hoguera.
A veces, en primavera...