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Ra˙l Contreras



Un visitante



Alguien abri├│ con el mayor sigilo
mi puerta, de seguro mal cerrada.
Le vio, sin forma apenas, mi almohada,
el paso muelle y la palabra en vilo.


No, no era nadie que buscara asilo
ni que quisiera demandarme nada.
Con la primera luz de la alborada,
sali├│ en silencio y me dej├│ intranquilo.


Eso fue todo. ¡Nada más! No espero
saber la causa ni atisbar los fines
de esa visita inesperada. Pero

esta ma├▒ana o├ş sonar violines.
Nada tampoco... ¡Amaneció mi alero
cubierto de hojas rubias y jazmines!