Emyzag

**~Novela Corta - Dama de la Calle - Parte X~**

Cuando la dama de la calle se fijó, el jefe sentado frente a ella en una muy hermosa habitación, pero, eso no lo quería ella. Ella, pensaba sólo en su francotirador, su hombre y su verdadero amor. Entonces, su sexo estaba dormido, apacible e imperceptible. No deseaba yá el sexo. Pues, era sólo un tiempo en que era el contrincante de su hombre y ella no era fiel sino una prostituta de la calle, pues, era la dama de la calle. Sin más que el destino era sólo como una mala suerte del funesto camino. Y ella, sólo ella, se difundió como una gran prostituta, cuando era la dama de la calle. La que en realidad quiso ser como toda dama y quiso ser como una dama sumisa, pero, no lo logró, ella era así, y el jefe, en la espera de que ella se desnudara, frente a él. Y quiso ser como lo que fue, cuando fue lo que logró detener el tiempo en lo que su hombre el francotirador de la zona más pagado y más buscado del área, supiera dónde se encontraba ella y con su jefe, su hombre y magnate, que se la había llevado y por una noche con ella, con la dama de la calle. Cuando se fue el deseo de ver el cielo en la misma dirección. Cuando se fue el sentido y más el anhelo de sentir lo que era todo el sexo de ella y más. Cuando se electrizó el desierto frío, cuando sólo se fue por el camino incierto. Cuando se fue el desafío de amar lo que fue como el sincero amor. Como amar lo que fue. Cuando fue el deseo de amar contra todo. Y más con el sexo, tan abierto y tan codicioso. Tan ávido y tan ambicioso como poder ser los combates que tiene el sexo y que se enaltece lo que pueda venir y sobrellevar hasta que el sexo se de como hacer el amor con tanta pasión como si fuera cualquier hombre que la compra sexualmente. Cuando logra dar el francotirador con su hombre y magnate y por supuesto con su mujer casi semi desnuda, se enfrasca una contienda y un altercado funesto, pues, se debía entre ser fiel a su trabajo o corresponder a cabalidad con su mujer de tiempo y de amor en el corazón. No fungió más que el deseo de ser altamente celoso. Cuando se electrizó el camino en saber que la dama de la calle, se debió de enaltecer lo que quedó en las manos llenas de compasión. Cuando se logra enredar lo que llegó a sabiendas de la total destrucción de su propio sexo o de lo hermoso del mismo sexo. Cuando se concentró en amar lo que fue. Cuando se llenó la cara de espera y de esperanza. Y el francotirador más amoroso de la historia la busca engendrado por sus celos de amarla con todo. Pues, él, tenía yá canas y era yá muy mayor, no era el joven aquel con puntería diestra y más con el sabor dulce de un jovenzuelo o mozuelo que sin saber qué era lo que quería, se llevó a acabo un sabor tan delicioso como el amor de aquella dama de la calle. La buscó y dió con ellos, semi desnuda, casi se quita su blusa para tener todo aquello que se llamaba sexo con aquella mujer que aquel jefe quería. Y tenía como yugo su amor condescendiente. Y era el jefe el que quería amar a aquella mujer esbelta y de ojos azules. Cuando el tiempo y la osadía se llenó por querer amar a aquella mujer que era la mujer del que lo vigilaba con ahínco, con supremacía y con mucho delirio. Y con tanto frío que quedó como el mismo invierno el que socavó muy dentro en el mismo corazón. Por saber que aquella mujer era el delirio de aquel francotirador desde la pubertad, cuando quiso ser como su eterno hombre, el que decidió amar con vehemencia y con tanta locura y tanta tortura. El que hizo dar de su vida todo. Cuando creció el amor y la pasión entera, cuando amó intensamente al francotirador y él, a ella, a la dama de la calle. Cuando no la quería ni perder en la vida ni en su corazón. Cuando quiso ser como la esencia o la presencia de un todo. Cuando quiso ser como el frío, cuando quiso entregar lo que más amó su eterno calor, como un ademán tan celoso de detener lo que comenzó allí. Cuando amó con locura y amó con certeza, a la dama de la calle. Cuando enredó todo, Como si hubiera un sentido común entre los tres. Un triángulo en saber que el destino es fugaz como el viento. Cuando el alma se debate entre un abrir y cerrar de ojos. En saber que el deseo se muere por amar más y más, cuando se siente aquí un mal vivir. Un mal deseo de embriagar la vida con gotas de salvación, cuando se debe de amar más y más. Cuando el alma se siente sin vengar, sin vindicta eminente. Cuando se siente saber que el sueño es amar. Cuando en el ingrato momento se sabe que el silencio se siente más. Cuando se da lo que se ama, a la dama de la calle. Como una seriedad que hiere en la soledad, cuando hiere más. Cuando se ama más como la misma situación. Y la dama de la calle entre la espada y la pared, pues, se amó más, como la misma intensa e intacto como lo inerte de la luz. Cuando se da lo que lo que siente más. Cuando más no falla como el instinto tan distinto como el mismo frío. Cuando se da lo que se da. Un escalofrío intacto e inerte, porque todo como la nada, se haga un tiempo en saber que el destino abre camino. Como el silencio que se debe de amar más. Se entrega el desafío de querer más y más. Cuando sólo se dió como el mismo sol en cuanto a la gran e inmensa luz. Cuando se dió el mismo amor. Como el imperio de sus ojos. Cuando se da como aquella vez, en que la pubertad se dió como principio de entregar todo aquello que se llama sexo y amor. Cuando se electrificó como el ave que vuela lejos de allí como un sólo porqué y destino. Como un soplo de viento entre esas alas. Como una eterna sonrisa que sólo conlleva un mal tan incurable, cuando se siente así la vida, tan triste como el ademán tan frío que ella sólo sintió después. Como un porqué tan desnudo, como ella misma. Como una indebida situación en que se sintió el deseo en amar más, como la única salvación. En que sólo el destino llegó como ráfaga de un sólo viento. Cuando se intensificó el amor y la penumbra, que en cada sombra se testificó allí en aquella habitación donde la dama de la calle, se hallaba con su jefe y con el francotirador de la zona más buscado y mejor pagado. Pues, ella, sólo sintió el deseo, de amar lo que fue. Cuando se electrificó una llamada entre el jefe y el francotirador de la zona. Se halló lo que se formó allí. Una contienda, una camorra y un altercado desafiante y todo por la dama de la calle. Cuando se alegró el combate de amar lo que fue. Cuando se alteró una palabra de un eterno adiós. Como las letras de un sólo desafío. Cuando sólo se sabe que el desafío es incierto, como la manera de amar más. Cuando sabes que el delirio es matar el dolor y la soledad, y él, lo sabía, que era como un altercado demasiado desafiante. Como lo penitente de un funesto instante. Cuando se electrifica lo que se da. Cuando es tan eléctrico el porvenir tan incierto. Como el funesto momento y de amar lo que da la triste realidad. Como el momento tan irreal. Como el imperio de unos ojos que sólo el destino cruzó como amantes del eterno amor. Y se fue de rumbo, hacia un instante. Lo que conlleva un agridulce, pero, un último instante, como fue amar después del ocaso. Como fue amar destrozando un sólo silencio. Como fue entregar el mismo corazón. Cuando fue amar con un destino frío. Como la llave de sus ojos. Como fue el nuevo destino callar lo que fue y lo que será. Cuando se calla lo que fue y era ella la dama de la calle, la que encerró el desierto frío en sus propios ojos como lo fue amar desde el sol. Cuando se fue la inmensa lluvia, y llegó el sol en sus ojos de luz. Y se perpetró más, el camino frío, cuando se intensificó el anhelo tan clandestino. Cuando se logró el ingrato deseo de amar a consecuencia del dolor. Como lo fue amar desde lo más profundo y de un sólo instante. Cuando sólo se electrificó como el combate de amar y desamar. Lo que fue amar desde el punto de vista de uno mismo. Cuando se intensificó en lo que desnudó el alma. Cuando triunfó el deseo de amar a la intemperie y que por amar quedó allí. Cuando el posible ocaso se vió en camisas de dolor. Como el flavo color. Como el imperio de sus ojos en el cielo azul. Y fue la dama de la calle, la que se intensificó más, el deseo de amar más y más. Cuando un altercado se vió venir, entre dos amigos que ahora eran enemigos. Cuando se electrificó el deseo de amar a la misma mujer, cuyo destino fue recibir el amor en la osadía de amar más y más. Y se convirtió en dama de la calle, tan salvaje como aquella contienda entre dos seres humanos. Cuando quiso amar más.    

 

 

Continuará…………………………………



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