Emyzag

**~Novela Corta - Dama de la Calle - Parte VIII~**

Cuando se glorificó la manera de amarse contemplando el sexo. El sexo, del mejor y del más atrevido. El que se da por prostitución, al que ella le gustaba más. Pues, cambió todo, como la manera de entregarse en el sexo, limpia, delicada, y sin más que el propio sexo. Cuando se dió el precio de amar después del sexo. Se sintió solo el corazón, pues no, ella siempre estaba acompañada, y nunca en soledad y descubrió el sol en cada noche, en cada delirio del frío el calor, y en cada invierno su propio infierno. Cuando se electrizó más el sabor del sexo en la propia cama, en la habitación donde ardía de sexo. Y él, el francotirador, la buscaba también, era un juego que a ella le encantaba, él era su hombre, su amor y más el padre de su hijo. Sabía que lo perseguían y se cree todo que por ella. Para no herirla, él era el mejor francotirador de la zona, pues, estaba muy diestro y era como si fuera un delirio aparte en saber que lo acompañaba la mujer que él quería. El jefe quería, desde que lo vió con aquella mujer esbelta, rubia y de ojos azules, deseó una noche con ella también, pues, era bella y tan hermosa como la rosa. Y era la fuerza de la voluntad que sólo a él le faltaba, cuando era como el mismo rey de todos los reyes de la tierra. Cuando sólo quedó un deseo de ser su único hombre el que ella amó intensamente. Cuando sólo quedó aquí, un hombre como el de todos. Cuando sólo quedó a la dama de la calle, la ilusión y la emoción, cuando se fue el deseo de amar y llegó la gran pasión. Cuando sólo llegó a ser como el aire, el mismo que le dió la vida a su niño. Cuando sólo quiso ser como el mismo corazón. Cuando sólo se sintió el amor en el corazón y entre las piernas. Cuando sólo el mismo amor se fue por el camino sintiendo en el mismo corazón la pasión y la luz en el alma. Cuando sólo se electrizó el deseo de amar más, cuando ella quiso entregar el amor en el corazón. Cuando sólo sintió el amor en el mismo corazón. Destrozando lo que el alma tiene: una luz, que conlleva una demostración, cuando se dió el deseo de amar más. Cuando quiso ser como el mismo aire. Como el mismo deseo de entretejer la telaraña entre los dedos de la pasión y del amor entero. Cuando quiso ser como toda dama, pues, así fue. Como todo el delirio de amar y de ser amada con tanto frío de la temporada. Cuando quiso ser como el frío, tenue y a la deriva de ser como lo fuerte. Cuando se electrizó lo fuerte de amar con fuerzas extremas. Cuando se intensificó la agudeza de amar más. Cuando se amó terriblemente. Cuando se quiso amar con fuerte y con fuerza y voluntad. Cuando se llevó el silencio por amar con delirio. De amar lo que fue y será. Cuando se hace el sexo con tanto dolor por ser una prostituta de la misma calle que le hizo crecer y que la cobijó. Cuando el fuerte destino es así, cuando en la mañana se siente así, como el mismo y aquel universo con defectos y tan perfecto como el Dios mismo. Cuando llegó el instante por amar y con el sol a cuestas del amanecer. Cuando se siente aquí el amor, como el imperfecto momento cuando se siente aquí en el amanecer, como el mismo mañana, cuando quizás no vuelva más el día. El nuevo día, como en el ingrato deseo se siente desprecio por su propio y mismo sexo. Cuando se fingió el amor, cuando su sexo lo era todo y fue todo para ella desde la pubertad. A la dama de la calle, no se le sintió el deseo en volver a su hogar, pues, le gustaba su encanto y su deseo de amar con su propio sexo. Cuando advierte la manera de ver y de sentir el mismo náufrago, buscando puerto seguro. Y era su propio sexo el puerto seguro. Cuando se fingió amar con la manera de amar. Y con la fuerza de espíritu que se electrificó aún más. Cuando se sintió amar con tanta vileza. Cuando se sintió allí un deseo de amar con tanto agudo sentido entre ésa dama de la calle y el francotirador más pagado de la historia. Cuando su gruta del olvido cayó en un sólo desierto. Cuando se testificó lo que es el amor fiel y perfecto entre dos seres como ellos mismos. Cuando se intensificó el mismo anhelo. Cuando se gana lo que se eleva con el mismo héroe, el francotirador más buscado de la temporada y de la zona, por la calle más caliente y más transitada por hombres casados. Cuando sólo el tiempo es como las horas muertas. En que sólo el deseo es pasaje en ir y venir. Como el de la calle con hombres casados. Como el reloj dando vueltas. Como el amor dando latidos en el corazón. Como el sol dando luz a todo mundo. Como la luna que viene y vá en la noche fría. Como el amor en cada corazón. Como el imperio de dos ojos. La dama de la calle, era y es como el reflejo en la misma salvación. Y quiso ser ése mundo cuando el amor quedó en el alma. Cuando en el momento se electriza cuando en el instante se debe de dar un sólo momento. Si se quedó con el alma, un sólo por qué. Tan desnudo como las alas del ave, como el aire o como el deseo funesto y triste de despedirse. El francotirador, se iba lejos, como su trabajo lo ameritaba. Cuando el alma se definió en cuanto a dolor y pasión. Cuando se intensificó más el calor húmedo entre el deseo vivaz o como el tiempo audaz. Se llevó acabo una mala situación. Cuando se llenó de pasión el camino frío y doloroso. Cuando se enfrío el deseo de ir y venir por esa calle, se mató el deseo de querer volver a ser como el desierto frío. Cuando se electrizó el combate de vender su cuerpo y más a su propia alma. Cuando quiso entregarse a su hijo hombre, como la madre abnegada y más fiel. Y retirarse de todo lo sucedido, de esa calle, en la cual, ella, era la dueña y la dama de la calle. Cuando se enalteció más el delirio de amar bajo el mismo frío de la misma tormenta. Cuando quiso dar de ese deseo el más vil de la tormenta. Cuando quiso ser como la más pura e intacta mujer, amando a su hijo único varón. Fue como si fuera una decadencia y una ausencia de querer amar a pesar de la calle intacta de placeres y de amores clandestinos, como el destino fugaz y atrevido. Cuando fue el deseo de amar bajo las sombras perdidas del amor perdido. Cuando se enamoró perdidamente de un hombre, de un francotirador de la zona más atrevida y nefasta de todos los tiempos, en la calle, y era ella, la dama de la calle. La que amó en la pubertad, la quiso más ser como el delirio intacto e inerte del combate, del más electrizante de los caminos, en la calle de la dama de la calle. Cuando se intensificó el nuevo desastre, de los que se tiene que perder en el interior del alma. Y fue ella la que un día, quiso ser como el ser tan extraño que quiso ser como la misma insinuación, o deleite. Cuando quiso ser como el imperio vacío de temores inciertos. Y era ella la dama de la calle, la que un día en la pubertad conoció el propio sexo. Cuando se intensificó más el deseo, de ver el cielo y del alma. Cuando se entregó en cuerpo y alma al deseo propio de amar a consecuencia y en la distancia del verdadero amor.            

 

Continuará………………………………...............................................................................                                                                      



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