Corsal Casoda

CANCIÓN DEL CABALLO

CANCIÓN DEL CABALLO

 

¿Hacia dónde va este caballo mío

desbocado en mil trotes de herradura?

¿Por qué abandona tu inmensa llanura

lamiendo el dulce cauce de tu río?

 

¿En qué prados buscará mi quimera

el verde de tu anhelo?

¿En cuáles encontrará primaveras

de jilgueros-violines,

de búhos-violonchelos,

de gorriones-clarines

que canten melodiosos a mi vera?

 

¿Bajo la sombra de qué enhiesto roble

le arrullará mientras sueña la orquesta

de grillos y cigarras a la puesta

de qué sol, qué sol que el tuyo más noble?

 

¿En qué tierras más fértiles, en cuáles

soportará el verano

si todas son desierto por iguales?

¿Dónde el termo calor

no convierte en pantano

el más jovial frescor

si no es el frescor de tus manantiales?



¿Qué tristezas aventarán sus crines

en el amargo y otoñal sosiego

que reseca como destructor fuego

los blancos pétalos de los jazmines?

 

¿En qué cadavéricas y ermadas tierras

pasará los otoños 

este corcel mío? Mientras yerra,

¿marchitará su sombra,

¡pobre de mi retoño!

amontonada alfombra

de esqueléticas hojas y de guerras?

 

¿De qué perenne rama desprendidos

darán a su boca sus alegrías 

tus frutos si se marcha hacia las frías

y áridas tierras de tiempos idos?

 

¿Las aguas de qué gélido riachuelo

saciarán su sedienta

carne y peinarán su erizado pelo?

¿El calor de qué llama,

si no es la tuya, calienta

su cuerpo y derrama

mares de escarcha derretida y hielo?

 

¿Hacia dónde va este caballo mío

desbocado en mil trotes de herradura?

¿Por qué abandona tu inmensa llanura

lamiendo el dulce cauce de tu río?

¡No te vayas, caballo mío!

¿En qué tierra más pura

tendrá atadura

tu brío?

 

¿Por qué la cúpula azul de tu cielo

estrecha inconsciente su horizonte?

¿Por qué cadena tu nube y tu monte,

por qué tu niebla fue embaucador velo?

¡Que ningún hombre aun con recelo

sobre tus lomos monte

y este, alado, remonte

al cielo!

 

¿Harán las abejillas de tus flores

de mi clavel desmadejado en hilos,

llevando pólenes a su pistilo,

mil mieles de suaves sabores?

¡Acuérdate de estos olores

cuando alejado, al filo

huelas del tilo

sus flores!

 

¿Tejerán las arañas de tu gruta

con las tristes y desgarradas riendas

qué ceñían mi dogal a tus sendas,

tejerán para mí una nueva ruta?

¡Ya vuelvas a morder la fruta

de estos labios y tiendas

tus manos duendas

e hirsutas!

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