Víctor Hugo Gajardo Olivares

VALLE DEL PARAÍSO

 

El viento calcina los sentimientos

y los resbalosos aullidos se carcomen el mar.

Las pupilas pierden cronología entre los cerros

que empapan sus mejillas

con lágrimas melancólicas

para espantar los recuerdos nostálgicos,

que sustraen la calidez inconstante

de sus laberintas callejuelas,

que inflaman la soledad de tus poetas,

que refugian entre sus palabras.

Los sabores del néctar acosado

en las cimas de tus escalinatas.

Mientras que en sus ventanales sus prendas

revolotean entre la brisa alegre de la aurora.

Como si una brújula

que guía la antigua senda del viento

que sopla hacia el ritual infinito

conque envuelven el porvenir.

Al parecer,

los niños nacen desde los miradores,

que duermen con la ilusión de zarpar

hacia el infinito para volver

a cautivar el amor de antaño.

Pero la sangre oprime

dejando que la rebeldía del tiempo

vuelva a subir las escalinatas

del cielo para reencontrarse

con la tierna brisa de la aurora.

 



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