Antero

- De los celos -



 

 

Se agolpaban las palabras en la antesala

entre el sonido y la mudez,

atenazados pensamientos que golpeaban

por salir, pero callaban.

Máscaras de sonrisas fingidas disimulaban

y en silencio se decían… talvez

no pasa nada, no nos pasa nada.

Y no era verdad, el dolor que les martirizaba

era tan real como el espectro que lo alimentaba:

insalvable distancia entre lo real y lo imaginado,

guadaña cortando la hierba, cegando dos vidas.

 

Sigilosamente, entró por la puerta agrietada

de la confianza, lo hizo sin llamar, sin avisar.

-vengo a poseerte, soy la salvaje alimaña

que todo devora, la hambrienta insaciable

que viene para quedarse, para desahuciar

a eso que llaman amor y que no será más

que la máscara del sentido de la propiedad,

esa ciega avaricia que de todo se apodera.

 

No precisó preguntar, ni negar la realidad:

dolor exprimiendo hasta el último aliento.

Las palabras eran los desgarros sin sonidos,

pensamientos que confirman los temores:

lo obsesivo que se alimenta de sospechas:

pretexto para perseguir lo que, sin ser,

era como una herida abierta que supura.

 

Entre figuraciones, fantasía y conjetura

se convencía y engañaba, con la crueldad

del que sospecha cegado por las dudas,

sin querer ver que, el velo ensangrentado

que oscurecían los días, apagaron los cielos,

y todo, consecuencia de los malditos celos.

 

Así fue como de: te quiero como eres

Se pasó a: como algo que me pertenece,

exclusivamente mío, de nadie más,

mío, hasta el aire que respira mío.

Dando paso de los celos del entusiasmo,

a los celos de las dudas y la sospecha,

esa alimaña devoradora y hambrienta,

espectro siniestro que cuando llega

y en la mente se asienta, se enraíza

como la hierba que todo lo envenena.

 

Horas de eterna soledad alimentadas

de sospecha, desconfianza temerosa,

celos que saturan el aire que respira

haciendo del entorno sombras negra

donde la ausencia de luz todo lo ciega.

Dos almas rotas, heridas, moribundas,

los celos malditos, la salvaje alimaña

hambrienta insaciable que sin avisar

se hizo dueña de la razón y la calma,

derrotando al amor y la confianza.

 

Celos, fiera que sigilosamente entró

y se quedó desplazando al amor

en su lugar

implanto la semilla del dolor:

-dudar, sospechar, desconfiar-

herida que ya jamás podrán curar.

Comentarios3

  • Chachi Aguilar

    Dolor intenso y profundo, inimaginable; para quien lo siente y para quien lo soporta, es no tener vida, es abandonarse a la mala imaginación, a contestarse lo que se quiere escuchar.
    Buen tema, profundo y más real de lo que imaginamos.

    Una caricia a tu vida desde mi alma, siempre, querido Manuel.

    Tu comentario de autor; precioso y la música igual.

    • Antero

      Gracias Chachi, muchas gracias. Que tu Dios te acompañe siempre. Un fuerte abrazo.

      • Chachi Aguilar

        ¡Amén!
        Apapacho!

      • Ana Maria Germanas

        Los celos dan destelladas, ...
        Inesperado tormento,
        en que el amor, indefenso,
        sucumbe, herido, . sediento.-

        Magistral tu poema Antero, un tema fuerte, donde tu sensibilidad,
        lo dejo al descubierto .-

        Me conmovio.-

        Un afectuoso saludo.-

        • Antero

          Gracias Ana, muchas gracias. Un fuerte abrazo querida amiga. Que el amor no pase nunca indiferente por tu vida.

        • Luna y Poesía

          Celos, fiera que sigilosamente entró
          y se quedó desplazando al amor
          en su lugar
          implanto la semilla del dolor:
          -dudar, sospechar, desconfiar-
          herida que ya jamás podrán curar.

          Es lo que es...los celos excesivos matan el amor para siempre.
          Un gran poema amigo, Antero.
          Saludos con cariño!!

          • Antero

            Gracias Luna, muchas gracias querida amiga. Un fuerte abrazo. Que la sonrisa del amor te acompañe siempre.



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