Humberto Barba

Sin proponerselo

Habían cruzado ya varias veces sus miradas en medio de familiares y amigos, se sentían atraídos mutuamente aún en medio de las circunstancias por lo que disimulaban sin saber lo que cada uno sentía en esos momentos; desde niños pasaron tiempo juntos sin imaginar que en su vida adulta su sangre compartida herviria sin control.

La noche era diferente, se sentían un ambiente festivo, el licor acompañaba la reunión y todos se divertían; para completar la rumba, el grupo decidió ir a bailar y celebrar que la vida les había permitido compartir como hacia años no lo hacían; la decisión fue unánime, se subieron en varios carros y salieron de parranda.

Era una típica noche Bogotana, hacia un poco de frío pero la emoción de aquella reunión la hacia cálida y sensual; llegaron todos al lugar y el licor no se hizo esperar; la música sonaba y las parejas comenzaron a salir a la pista; fue en ese momento en que de nuevo sus ojos se encontraron, el brillo singular de sus pupilas reflejaba un amor que había estado allí en estado cataleptico durante tantos años y que precisamente en ese momento se mostró con fuerza y sin previo aviso. Las horas pasaron entre música baile y aguardiente y sin proponérselo sus corazones comenzaron a latir con fuerza.

Ya casi de madrugada comenzó el regreso, decidieron quedarse todos en la casa del anfitrión donde había sido la reunión; en uno de los carros, no por casualidad, quedaron sentados juntos en el asiento trasero y casi sin darse cuenta, sus manos se entrelazaron escuchandose un leve suspiro compartido sólo percibido por ellos.

Al llegar a la casa, todos se acomodaron en donde pudieron para dormir un poco, pero ellos querían seguir hablando y se sentaron en el sofá tomados de la mano; no paso mucho tiempo cuando en medio de una charla animada el tono de la voz fue bajando lentamente hasta quedar en silencio total; sus ojos brillaban más que de costumbre, un beso algo tímido y tierno al comienzo se fue transformando en pasión mientras sus manos comenzaban a recorrer presurosas sus anatomias; besos mojados llenos de ganas acompañados de caricias tan deseadas en sus inconscientes fueron el banquete más preciado; en medio de esta loco y desaforado frenesí sus cuerpos comenzaron a juntarse y por encima de la ropa disfrutaron del exquisito manjar de lo prohibido para luego entrar a hurtadillas a una de las habitaciones en donde dormían profundamente dos o tres personas mas. Se las arreglaron como pudieron y lentamente fueron bajando los cierres de sus ropas hasta dejar expuestos sus sexos; luego, el deslizó suavemente sus dedos hasta sentir toda su humedad y su boca se llenó de saliva sólo de pensar en las mieles que habría de disfrutar esa noche; ella se acomodó sin hacer ruido desabotonando su blusa y él le fue besando sus senos saboreando cada centímetro de su piel mientras bajaba lentamente hacia su sexo; por un momento se detuvo en su ombligo y lo rodeó varias veces con su lengua para después terminar lamiendo su clítoris ya erecto, lleno de excitación y de vida; lamio sus mieles y se deleitó sin medida mientras pequeños quejidos casi inaudibles, delataban deliciosos orgasmos prohibidos.

Luego ella tomo la iniciativa y tomo con su blanca mano su miembro y lo froto suavemente arriba y abajo; sintiendo una excitación más allá de lo antes vivido, él vio como ella bajaba lentamente su cabeza tomándose su cabello ensortijado con la otra mano hasta llegar a su miembro; una vez allí, lamio una y otra vez los aceites que de el salían sin control para luego entrarlo todo en su boca haciendolo gemir suavemente de pasión; así estuvieron saboreandose hasta que los primeros rayos del sol los sacaron opoco a poco de esa hermosa realidad paralela dejándolos extenuados, sin fuerzas pero con la certeza de que esa noche sería inolvidable; dieciocho años después, el recuerdo sigue vigente en sus pensamientos y cada vez que la melancolía agobia, aparece dejandoles una sonrisa y un suspiro...



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