Ludvaldo

SONETO DEL ANCIANO ENAMORADO

El brillo de Cupido impar desplaza

las sombras de mi ocaso y las diluye,

y el monstruo que me ahogaba raudo huye

y logra el niño arquero darle caza.  

 

El sol que me ilumina la añagaza

mortal de la Razón impío destruye

y tanto en mí de nuevo Amor influye

que él solo en mi castillo sienta plaza.  

 

Que el dios que en mi vejez ardiendo impera

haciendo de mi invierno primavera

y aleja del fantasma de la noche  

 

eterna el manto gélido y oscuro

permita que con Lisis, ángel puro,

la fuerza de mil jóvenes derroche.  

 

Osvaldo de Luis



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