Joyceali.

Ha llegado el tiempo.

Ha llegado la hora de beber pasado y presente;

se ha perfeccionado el tiempo en manos del creador,

todavía recuerdo

mi cruz en su palma y el toque de lo eterno;

tu nombre en su voz, con toque de amor.

Así… con modal silente,

perpetuamos ansias en dulce aflicción;

anclamos historias, propias del recuerdo;

fundimos las almas en un solo puerto;

ese que tiñó la lluvia en fino color.

Bebimos entonces deseos y sueños,

trastumbando anhelos, planes e ilusiones;

supimos entonces del único dueño;

tu cariño, mi cariño… una sola voluntad.

 

¿Recuerdas bien mío?

Llegaste a mi noche, yo llegué a tu cielo…

encuentro planeado por ángel de Dios.

Desde entonces corazón,

has sido interminable día,

has sido mi luz… mi radiante sol.

Y aunque no asemeja

a las líneas profundas de tu inspiración;

lleva el mismo punto… un año de los dos;

Recuerdos que aún viven en nuestro presente;

juntar nuestras alas, posar en el viento,

el delirante vuelo de una flor, y otra flor.

Recuerdos regados por huellas grabadas;

dentro muy adentro del río y el desierto.

Bonitas memorias, vienen a mi mente...

un ángel azul te puso en mi puerta,

no tuve qué hablarte,

ya lo había hecho por mí, el corazón;

pasaste de prisa, tu lugar tomaste;

trocaste el oscuro mundo,

en basto universo, orlado de amor.

Así hiciste mi vida, guarnición divina…

bañaste mis penas,

con versos de oro y líneas de plata.

Conocimos las primicias del amor…

estremecimos entrañas,

hicimos prisionero al sentimiento;

en el vientre se quedó;

se aferró a las estrellas, a los vientos, al calor…

a la sonrisa del cielo; al suspiro que escapó.

Debo decirte, cariño…

que hoy sé quiénes somos tú y yo;

soy tu sombra, tu mi conciencia;

soy tu vida, tú mi mundo;

soy tu alma, tú mi corazón.

Somos mar... 

y nuestro barco el amor.

 

Siempre desde el cotazón, Joyceali.



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