el brujo de letziaga

-- Carta en días de ginebra --



 

Desde la fría atalaya de una pequeña bahía te escribo esta carta imaginando versos con tu recuerdo..., y me convierto en pergamino cuando me encierro en una botella de cristal y me arrojo al mar… navegando sobre una ola que pueda llevarme hasta tu playa que es eterna y tan tuya. Y atisbo cientos y cientos..., miles de botellas más flotando en este océano de suaves olas… miles de sueños conformando una estela que me acuna hasta donde dormita tu aurora...

 

Son tantas noches ya..., tantas y tantas, sumergido en la melancolía de una espera que grita como las piedras llenas de cicatrices, o como ese aullido de lobo a una luna que no se entera..., que ahora mismo estoy desfalleciendo de tanto esperar.

 

Soy una simple gota en tu océano, una gota más pero ninguna es igual, y tienes que aprender a mirarme... Porque sino algún día me perderás, y entonces..., entonces ya nunca dejarás de añorarme.

 

Pero es que me tienes ante tus ojos y no me ves… es que no me ves. Pero estoy si..., estoy..., estoy. Y cuando anochece un día y otro día sigo estando en ese reflejo de tu espejo, derramando mil versos que se precipitan estrofas abajo por una cascada de tinta, tinta que se esfuma al cruzar el recodo de tu indiferencia.

 

Pero es en días de ginebra cuando los ríos de palabras se me secan… como en está noche que estoy pensando en dejar de escribirte. Ya ves..., estoy versando el último trago de la despedida más vacía que se pueda escribir. Pero seguramente mañana pediré de nuevo que me llenen otra copa y mil copas más para ver si puedo de una vez olvidarte, pero me parece que ya nunca podré dejar de quererte mientras sigo vaciando las copas de mi soledad.

 

el brujo de letziaga, en el año 2012

 



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