Soy yo.

Puede ser un hola o un definitivo adiós.



 

 

 

 

I

Somos fugaces sombras
de pasados recuerdos,
en el río enredado de la vida,
luchando por renacer
cual Ave Fenix tras la niebla
con impulsos sin mesura
en el torbellino de la danza
de un errante vacilar,
cayendo en la profunda sima
del revivir de las almas
que no encuentran el camino
que les negó la esperanza.

II

En nuestras propias reflexiones

están las respuestas,

a veces fluyen con intensas sensaciones

otras parecen colaciones indigestas.

 

La noche es el día
disfrazado de sombras,
le puso el odio al sol un velo negro,
astilló las estrellas por las puntas
y se quedaron sin luz,
sangrando en desconcierto fatigádas,
pidiendo socorro a la luna
que entre cerros de nubes negras
parece sonreír alucinada.

Aires ya desvencijádos
con agrio chirriar de goznes
lanzan rugidos a través de los mares
mezclando los gritos con letras,
mezclando las letras con sangre,
mezclando la sangre con odio.

Rescatando del averno
arcanos de sueños muertos
de siglos, glorias y penas
que deben yacer olvidadas
como cosas de otros tiempos.

Y cantar cantos sin sangre
que embellezcan de carmín los rostros
y lleven paz a las almas.

Pronto nos iremos a reparar las estrellas
arcanos y sueños serán olvidados,
no griten odios que borren sonrisas,
los antepasados gloriosos sigan descansando,
pongamos en sus tumbas candados,
tiremos al mar las llaves
que no se pierden esencias
porque descansen los muertos.

Tengamos nuevas mañanas
quitemos al sol el velo
y forjen las nuevas fraguas
las heridas puntas sin luz
que hicimos a las estrellas.

La noche sufre en su propia oscuridad.


III

Alejáos de mí, ingratos
vientos de los desvaríos,
ya no quiero veros hoy
marcháos con los recuerdos,
se bien el porqué y quien soy
por culpa de lo que fui,
no os necesito a vosotros
para enseñarme a vivir.



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