M. Emiliano Alvarez del Castillo Delgado

A mi dolor.

Condescendientes miradas

atraes hacia mí,

dagas en el cuerpo

y una locura febril.

 

Atado me tienes

cual barca a la ribera.

Maldecir y vociferar,

¿qué más me queda?

 

A lamentos de agonía

me tienes sujeto,

y al caer la noche

sin aliento y llanto pueril.

 

¡Oh, viejo dolor mío!

¿Qué no he perdido a causa tuya?

Confianza y trabajo,

dinero y halago.

 

En largas e interminables horas

transcurren las calles,

pues la máquina del motor descompuesto

detiene su marcha.

 

Mas la capa de los vencidos

no porto.

Este cuerpo cual

vil saco soporto.

 

Aunque este mi cuerpo se pudra

y bajo el suelo yaga,

sabed que mi alma perdura,

y el verso de mi corazón siempre brota.

 

Mas una cosa os digo,

¡oh, viejo dolor mío!

Como antes del invierno el estío,

¡a este hombre no has vencido!

 

No el por qué sino para qué

es lo que me interrogo ahora,

has venido aquí,

viejo compañero en mala hora.

 

Las espaldas de muchos otros has doblado,

cual añejo tirano

desde inmemoriales tiempos de antaño,

mas conseguido la mía no has jorobado.

 

Mas una cosa os digo,

¡oh, viejo dolor y compañero mío!

Como antes del invierno el estío,

¡a este hombre no has vencido!



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