Ludvaldo

SONETO DEL MASOQUISTA A SU DOMINATRIX

 ¡Qué goce cuando en fuertes ataduras

me apresas como a bestia domeñada

y marcas con furor tu dentellada

de mi sufriente carne en las blanduras!

 

¡Qué orgasmo cuando airada me torturas

con látigo o con fusta a mano armada

y llenas con mi sangre derramada

el cáliz del placer, que ansiosa apuras!

 

Yo ansío que otra vez de gusto rujas

al tiempo que me azotas y me humillas

y que de tus zapatos las agujas

 

me claves lentamente en las costillas,

pues soy de Sacher-Masoch el cofrade

mayor y tu sadismo es el de Sade.

 

Osvaldo de Luis



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