Ludvaldo

OTRO SONETO

Dio de sus gracias áureas con la aldaba

en las broncíneas puertas de mi pecho

Coral un alba negra en la que fecho

de mis desgracias el albor, que entraba,  

 

pues abrilas, en él quien pronto daba

allí mil golpes de desdén, pertrecho 

que usó para dejarme tan deshecho

el niño alado de la aleve aljaba.  

 

Jamás podrá a tirana tan proterva

cuan poderosa de sus tristes ruinas

el alma mía expulsar, pues con los ojos  

 

de la memoria sin querer la observa

en ella misma siempre, y asesinas

mis memorias serán de mis despojos.

 

Osvaldo de Luis

 



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