la flaca

El asunto sobre la silla!!!

Hay una chica sobre sus piernas, hace un segundo se aproximó a él y se sentó de frente, pasando sus piernas alrededor de su torso, le toma con la mano izquierda su cabeza y con la otra mano sostiene un vino barato, se aproxima despacio hasta su boca y no dice nada, no lo besa, sólo respira sobre él, como si emanara una toxina para dejarlo inmóvil, y al cabo de escasos segundos realmente está inmóvil, lo único que siente es su falo pronunciado su anuencia con la escena, no sabe que hacer, algo lo detiene, nunca le ha pasado que en tal situación el resto de su cuerpo no reaccione, sólo la mira y le grita con los ojos que siga, casi implora que siga, el torrente sanguíneo es más veloz que sus ideas y esto es un problema, un problema grave si ella insiste en continuar.

 

Ella sabe lo que pasa, lo disfruta, lo disfruta porque no es cachorro dando muestras de precocidad, es un depredador en el punto máximo de su fuerza pero inútil, inútil ante ella, se inclina hacia atrás, termina el vino y lo ve, lo ve tan profunda y oscuramente que él siente que le está retorciendo el estómago, de pronto suda como si tuviese fiebre, a punto de colapsar, ella deja la copa y le toma la cara casi en un acto violento, él tiene sus manos sobre las piernas y no puede moverlas, todo está dado, no necesita ninguna otra aprobación, después de todo fue la chica que caminó hasta él, sobre él, para él, en aquel arrebato de impotencia no podía concentrarse en lo que ella hacía, intentaba saber porque él no hacía algo por mantener aquella criatura liviana y peligrosa más tiempo sobre su pelvis, le preocupaba que a falta de respuesta ella asumiera la retirada y en el ego de una mujer aquello podría volverse un nunca, pero lo que él no sabe es que ella no caminó para él, por eso no se va a retirar.

 

Pone su otra mano sobre la de él e inicia el ascenso suavemente, él cae de cuentas que puede mover su mano siempre y cuando ella lo guíe, ¡lo detesta! ella percibe la furia y entonces pasa su lengua delicadamente sobre su boca dejando el olor de su saliva, la saliva de los humanos tiene cualidades de antídoto, como una pequeña constrictora se aferra a él con más fuerza, con la escuálida fuerza que tiene, su lengua húmeda se adhiere a su cuello, siente su pulso arrebatado, la furia no es una opción que piense aceptar, entonces comienza a moverse suavemente, como un oleaje apacible va y viene sobre él, le toma la otra mano y ambos suben, siente sus costillas la puede atrapar completa entre sus manos esa sensación lo estimula y de pronto ya no piensa, su falo, su viril falo, su estandarte de macho es su peor amenaza en este momento, trata de concentrarse, nada ha pasado hasta ahora, ni siquiera ha sentido sus pequeños y firmes senos, hace rato se le seca el paladar imaginando su sabor, su textura, su olor, pero no puede echarse sobre ellos, solamente no puede, ocupa controlarse y no sabe de qué.

 

Ella controla todo y desea prolongarlo el tiempo que le plazca, así que deja de moverse y pone sus manos sobre su pecho echándose hacia atrás bruscamente, él suelta la respiración de golpe y la oprime fuerte por la cintura, a ella no le molesta, no cree en el sexo domesticado, no le gusta, su mejor sexo ha sido un equilibrio entre fuerza y placer, una pequeña lucha donde no hay violencia pero ambos explotan sus fuerzas, lee sus ojos, nada está fuera de su alcance, comienza lentamente a desabrochar el vestido corto y sedoso, le deja caer de los hombros y ahí están sus pequeños senos saludando su imaginación, él necesita sentirlos, en este punto esa necesidad es casi vital y ella no está dispuesta a dejarlo morir, así que sus piernas le sueltan la espalda y se apoyan en los descansa pies de la silla, se levanta, abraza su cabeza y lo sumerge en su pecho, tibio y descarnado, él los busca como un desesperado, hay apetitos tan urgentes que podrían dejarnos morir de hambre, hasta que por fin los tiene en su boca, siente sus pezones firmes como pequeños y dulces trozos de carne, entiende que no puede hacer nada, no la desea, por eso no puede moverse, no desea un sexo arrebatado sobre una silla, desea una silla compartida, desea sus ojos, existir en ellos y fue el vértigo del miedo lo que lo detuvo, desear los ojos de una persona es desear la existencia, abandonar la indiferencia, pero abandonar la seguridad de la indiferencia es querer entrar como un huracán en la vida de otro, destruir, desmantelar todo e instalarse como un maldito depredador, o filtrarse apenas como un fluido moribundo, escuálido dentro de una roca y con el tiempo tener una ruta hacia su centro, desgastar lentamente todo lo fuerte que haya hasta llegar al punto blando y encubar como un germen una fiebre capaz de consumirlo todo… desear los ojos de alguien es desear ser un maldito depredador sin nada que ofrecer más que un sentimiento y ella no está dispuesta a enamorarse.

 

 



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