Ludvaldo

SONETO A UNA MONSTRUA

De tus greñas las cerdas de cochino,

tu rostro, cuyo tacto es de estropajo

y que apenas se ve pues está bajo

tu barba, hecha de agujas -mil- de espino,

 

de tu boca el aceite de ricino,

de tu pecho el senil doble colgajo,

tu barriga, que oprime un gran refajo,

y el tufo de tus bajos asesino

son prendas que provocan tal disgusto

o, para ser exacto, tanto susto,
que mereces sin duda ser la musa  

 

de un grotesco y satánico anti-Fidias

y causarías con ellas las envidias

de Caribdis, de Escila y de Medusa.

 

Osvaldo de Luis



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