RICARDO V

¡Adiós Capitán!

Soy un navegante que no tiene estrella,

voy con rumbo oscuro por un negro mar,

mi barco no deja su dorada estela,

la marca viviente de mi navegar.

 

Mi salada vida me está abandonando,

la noche está cerca, no quiero arribar,

las gaviotas huyen, pero van llorando

lágrimas en olas de la soledad.

 

Con mi vieja pipa temblando en mi labios,

mis ojos azules de ver tanta mar,

es mi equipaje un grueso diario

de horas de lucha, mi amado rival.

 

Se apagó el faro que guió mi vida,

abandono el puerto, estatua de sal,

subiré al cielo, solo a la deriva,

brújula del tiempo perdió su imán.

 

¡Adiós navegante! gime el barco eterno,

timonel del alma, juvenil altar.

Me llegó muy frío el último invierno,

de la mar el lobo, ¡Adiós Capitán!

Comentarios3

  • Donaciano Bueno

    Existe un consuelo para los que ya hemos andado más de la mitad del camino sea en barco o como marinero en tierra, que decía Alberti, aunque debo reconocer que es un consuelo de tontos: ¡que me quiten lo bailao! Me gustan tus versos. Saludos

  • CARLOS ALBERTO BADARACCO

    Bello

  • kavanarudén

    Profundo, nostalgico y triste tu poema amigo poeta. Hermoso en su género. Muy sentido, sufrido, dolido, entregado, profundo.
    Me ha encantado.
    Dios me lo guarde amigo.

    Kavi



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