Simon Rodriguez

SUPONGAMOS

 


Supongamos que nuestro ríos de amor
están secándose.
Y que el invierno a llegado
sólo hasta nuestra pestañas.


Que la vertiente de amarnos
se ha ido por una larga pendiente
de recuerdos
de nuestros recuerdos.


Y que la única esperanza que queda
a la vuelta de la esquina
es la de irnos hacia los muros húmedos
de la resignación.


Porque ya tu tienes un nuevo amor
o más bien una nueva aventura
pero


Entonces si puedes hacer sonar el teléfono
enviarme las estampillas ultrajadas las
fotografías donde siempre estuvimos los dos,
los
papeles atrincherados por tus dedos
en los cuales escribí muchos versos de amor
para vos.


Y una larga sonrisa
las que siempre tenías para mi
puede ser en el paso de los semáforos


Pero sin suponer siquiera
que el sol invadirá nuestro tiempo
no no lo creo
oh
que las plantas dejaran de ser raíces ,
y que nuestras huellas recorrerán
el largo camino de las aguas.


A qué incertidumbre, incinerando besos?
A qué paredón para nuestros poros.
A qué batalla campal contra mis años.
Si es más longevo el que ahora tienes
Y es más.


Si tu y yo seguimos en la brisa
en la flor que despierta
en el lago de los sueños.
Y en el panal de tantos calendarios.


Ahora, que si anhelas que entré en subasta
lo de la última noche de verano
o lo del principio de la aurora
que pasamos despiertos
donde vos sacaste el pañuelo blanco.


Cambia de adivinanza.
Porque aunque me llueva entre las líneas
del perfil desnudo de lo que fue y puede
ser lo nuestro
una duda.
Yo te seguiré llevando en mis sentidos.
Y ahí si. No habrá invierno que te reste.

 

 



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