Simon Rodriguez

LA. VIDA. EL. AMOR Y. EL DOLOR

 

La imagen del hombre camina
bajo un marco de cristales puros.
Los árboles mismo saludan la huella germinal
y en el cause del río
las aguas cantan el advenimiento de la vida.


Todo es un juego de cometas.
Colores sorprendidos bajo la carpa celeste.
Y el viento entona sobre las copas
la dinamia estelar
De los holocaustos vividos.


Entonces los horizontes nos los bebemos
como entrega sempiterna, bajo el manto de lo exacto.
Y queremos en cada paso, ser reales, con los sentimientos.
Nadie, se adentra hacia un dolor propio.
Y sin embargo amanecemos con el llanto.


Somos esclavos de nuestras propias formas.
Algunos se jactan que llevan por dentro la razón de los otros.
Y conociendo entonces que heredamos
de piedra en piedra hasta los suspiros.
Queremos convertirnos en cristales
cuando apenas alcanzamos una muerte
al paso de los años.


Pero danza la energía en las entrañas.
Y aunque un marco de acciones
nos detenga los pasos.
Nosotros avanzamos con este corazón
que late puro.
Que late por la vida y el amor.
Porque jamás dejaremos de ser humanos.


Así la flor se deshoja en nuestras risas.
Y se hace barco de papeles las ilusiones.
Pero que importa más . Vivir bajo tensiones.
O elevar las manos para el pan nuestro de cada día.


Nadie a podido comprar el cesto de la vida.
Pero si tal vez el amor?.
Lo llevaremos si en cada huella.
Y con el trinar de los pájaros
creemos que estamos resucitados.
Pero en todo esto hay todo un encierro.
de palabras
de anhelos
de añoranzas.
Y mientras esperamos el paso de la lluvia
algo se va quedando sin fructificar
sobre la tierra.


Pero andantes somos
de constelación a constelación.
Mañana.
O algún día.
Volveremos al polvo
y al muro del amor en el silencio.
Por todo ello.
Sigamos con la vida.
Talvez con el dolor mismo de sentir los días
Solos y sin un verdadero amor
cabalgando sobre nuestras pieles.


Pero que importa avanzar hacia los calendarios.
Si después de todo.
Hemos nacido para vivir soñando.
Y seguir sintiendo sintiendo
el amor y el dolor de los otros.

 



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