GITANA DULCE

SANTA ROSA Y SU TORMENTA

Nosotros festejamos el 30 de Agosto a Santa Rosa de Lima, y también próximo a su festividad, se espera días antes, o días después una tormenta muy fuerte de viento, lluvias, y se la adjudica a la santa, pero quise investigar sobre los orígenes de esta tormenta, y  miren lo que encontré por ello.

Entonces me entero en la lectura de un libro que cuentan que ocurrió allá, por el siglo XVII, cuando el suave invierno carioca parecía despedirse, perezoso, floreciendo en anuncios primaverales sobre la blancas arenas de sus playas. En ese tiempo, los países europeos se disputaban las tierras americanas. Las costas norte de Brasil, pasaban  de Portugal a Holanda y viceversa, en unas guerras sangrientas de las que el pueblo estaba cansado de sufrir las consecuencias. Después de unos pocos años de paz, ésta se vio amenazada por la noticia de que una escuadra holandesa, de lo más fortificada, avanzaba dispuesta a reconquistar ese territorio. Los lugareños estaban desesperados, pues ya que sabían que, para ellos, tratar de defenderse era una causa perdida. ¿Qué podrían hacer los desprotegidos habitantes de una colonia olvidada? Si solo se la tenía en cuenta para arrebatarle sus riquezas, o cuando se necesitaba de sus hijos para exponerlos como carne de cañón. En este caso, frente a una armada de guerreros mercenarios que solo se preocuparían por el botín de la victoria. ¿Cómo podrían defenderse esos campesinos, sin más armas que el coraje y el afán de proteger sus hogares?

Las mujeres y los niños elevaron sus ruegos al cielo, ellos solo querían la paz y por ella lucharían. Conocían muy bien la fuerza de las plegarias y coincidieron en que la Rosita limeña, de la que tanto se hablaba y admiraba por su amor a los pobres, su vida sacrificada y sus milagros, sería la elegida, la intermediaria ante los ojos de  Dios. El pueblo ya la consideraba Santa y clamaba por su canonización, venerándola como a una nueva luz llegada en auxilio de los desheredados. ¿Quién, entonces, mejor que ella, para abogar ante el Altísimo? Esta Santa conocía los sufrimientos de los menesterosos, los esclavos o lo aborígenes por haberlos padecido. Si la fe podía mover montañas, ¿Por qué no habría de alejar al invasor? En el primer momento, los hombres no hicieron cas brindaban, seguro de esas santurronas, pero rápidamente cambiaron de opinión.

En las embarcaciones, los oficiales, altaneros, daban órdenes, mientras observaban con su catalejos y brindaban, anticipadamente, entre sueños de gloria y poder, por el éxito seguro. Solo faltaba algún estampido de cañón como para hacerse oír desde todas las distancias. Al desembarcar esas tierras serían suyas. Las  naves orgullosas se preparaban para entrar al puerto.

-¡Tripulación a cubierta!

-¡Todos a sus puestos!

 -¡Bandera lista para izar en tierra!       

Sobre las playas, el pueblo oraba. Oraba como nunca se había visto, empujado por una fuerza nacida en las entrañas de la tierra misma y  en la fe hacia una muchacha, que enel amor de sus hermanos encontró el camino de Dios.

-¡Rosa!

-¡Rosa de los humildes!

-¡Rosa de Lima!

-¡Rosa de América!

Esa era la plegaria que estallaba, no solo en los labios. Se la escuchaba vibrar en las selvas, los trópicos, las punas, los ríos y  las cimas más altas de los Andes. El continente entero estaba en ese rezo, mostrando la fuerza de su ruego, santificando a la hija de su sangre. La Rosita florecida en las calles de la Lima virreinal, a la que a partir de ese momento, y para siempre, venerarían como a su Patrona, ¡Santa Rosa de Lima!

Negras ráfagas huracanadas, llegadas de todas direcciones, oscurecieron el sol. El milagro se había producido. Olas gigantescas tumbaban los cascos de las naves, arrancando mástiles y velas como si tratase de embarcaciones de juguete. En un instante, los restos de la escuadra fueron barridos mar adentro. Las nubes se descargaron en lluvia estrepitosa, borrando hasta el último vestigio de esa armada que se consideraba invencible. El temporal continuó por varios días, desdibujando toda señal de amenaza.

Fue al amanecer, cuando un anciano de esos que se olvidan del sueño, deslumbrado por un resplandor transparente que parecía bajado del cielo, caminó hasta la playa, Allí encontró a una joven y hermosa mujer, que luchaba infructuosamente por desenredar los flecos de su embarcación destrozada. El anciano, inmediatamente, reconoció en ella a la Santa y desde entonces, no cesó de repetir lo que se le escuchó decir:                                                                                                       

-¡Qué mala suerte! Justo ahora que debo irme, tengo que arrancar  y perder un trozo de mi manto. Pero volveré a buscarlo hasta que lo encuentre, así tenga que volver toda la eternidad.

Cuando el pueblo despertó, ya había retornado la calma. Todos corrieron a la playa, para asegurarse con sus propios ojos de que había pasado el peligro. En medio de la alegría y los festejos, los curiosos se apretujaban por escuchar al anciano, que no cesaba de relatar su encuentro casual con esa mujer coronada de espinas y rosas, que le había asegurado su regreso: “Toda la eternidad”, para buscar ese trozo extraviado de su manto.

-Volverá. Estoy seguro- repetía una y otra vez- Porque es una mujer prolija y no de ésas que arrastran sus hilachas.

Los pobladores del Brasil jamás dudaron del milagro que habían tenido la dicha de presenciar y , agradecidos, levantaron santuarios y continuaron en la oración y la devoción hacia la protectora que los había salvado de la terrible amenaza. Después del tornado, nada pudo saberse de la suerte de aquellos navegantes con sueños de glorias. Solo muchos años después llegaron noticias de que el jefe de la expedición, el almirante Ruyter, junto con otros tripulantes de la flota, se había salvado gracias al auxilio de otra nave, testigo del desastre.

En 1671, Rosa de lima fue canonizada y declarada  “Patrona de las Indias, Filipinas y Lima” por el Papa Clemente X, El 30 de Agosto fue el día señalado para recordarla.

Pero todos los sudamericanos sabemos que hasta que la Santa no encuentre ese trozo extraviado de su manto, volverá en su día , o hacia fines de todos los Agostos, durante toda la eternidad, agitando cielo, mar y tierra para poder encontrarlo.

Esta es la historia de Santa Rosa de Lima, realmente una maravilla de historia, que deberíamos conocer todos los habitantes sudamericanos…